{"id":576,"date":"2018-09-02T16:19:42","date_gmt":"2018-09-02T16:19:42","guid":{"rendered":"http:\/\/contintaroja.cl\/?p=576"},"modified":"2018-09-03T01:42:27","modified_gmt":"2018-09-03T01:42:27","slug":"cuentos-para-leer-este-fin-de-semana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/contintaroja.cl\/?p=576","title":{"rendered":"Cuentos para disfrutar"},"content":{"rendered":"<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>Ojos de perro azul\u00a0<\/strong><\/h1>\n<p>Gabriel\u00a0 Garc\u00eda\u00a0 M\u00e1rquez<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces me mir\u00f3. Yo cre\u00eda que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detr\u00e1s del velador y y o segu\u00eda sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprend\u00ed que era y o quien la miraba por primera vez. Encend\u00ed un cigarrillo. Tragu\u00e9 el humo \u00e1spero y fuerte, antes de hacer girar el asiento, equilibr\u00e1ndolo sobre una de las patas posteriores. Despu\u00e9s de eso la vi ah\u00ed, como hab\u00eda estado todas las noches, parada junto al velador, mir\u00e1ndome. <!--more-->Durante breves minutos estuvimos haciendo nada m\u00e1s que eso: mir\u00e1ndonos. Yo mir\u00e1ndola desde el asiento, haciendo equilibrio en una de sus patas posteriores. Ella de pie, con una mano larga y quieta sobre el velador, mir\u00e1ndome. Le ve\u00eda los p\u00e1rpados iluminados como todas las noches.\u00a0 Fue\u00a0 entonces cuando record\u00e9 lo de siempre, cuando le dije: \u00ab Ojos de perro azul\u00bb . Ella me dijo, sin retirar la mano del\u00a0 velador:\u00a0 \u00ab Eso.\u00a0 Ya no lo olvidaremos nunca\u00bb . Sali\u00f3 de la \u00f3rbita, suspirando: \u00ab Ojos de perro azul. He escrito eso por todas partes\u00bb .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La vi caminar hacia el tocador. La vi aparecer en la luna circular del espejo mir\u00e1ndome ahora al final de una ida y vuelta de luz matem\u00e1tica. La vi seguir mir\u00e1ndome con sus grandes ojos de ceniza\u00a0 encendida:\u00a0 mir\u00e1ndome\u00a0 mientras abr\u00eda la cajita enchapada de n\u00e1car rosado. La vi empolvarse la nariz. Cuando acab\u00f3 de hacerlo, cerr\u00f3 la cajita y volvi\u00f3 a ponerse en pie y camin\u00f3 de nuevo hacia el velador, diciendo: \u00ab Temo que alguien sue\u00f1e con esta habitaci\u00f3n y me revuelva mis cosas\u00bb ; y tendi\u00f3 sobre la llama\u00a0 la\u00a0 misma\u00a0 mano larga\u00a0 y\u00a0 tr\u00e9mula que hab\u00eda estado calentando antes de sentarse al espejo. Y dijo: \u00ab No sientes el fr\u00edo\u00bb . Y y o le dije: \u00ab A veces\u00bb . Y ella me dijo: \u00ab Debes sentirlo ahora\u00bb . Y entonces comprend\u00ed por qu\u00e9 no hab\u00eda podido estar solo en el asiento. Era el fr\u00edo lo que me daba la certeza de mi soledad. \u00ab Ahora lo siento\u00bb , dije. \u00ab Y es raro, porque la noche est\u00e1 quieta. Tal vez se me ha rodado la s\u00e1bana\u00bb . Ella no\u00a0 respondi\u00f3. Empez\u00f3 otra vez a moverse hacia el espejo y volv\u00ed a ella. Sin verla, sab\u00eda lo que estaba haciendo. Sab\u00eda que estaba otra vez sentada frente al espejo, viendo mis espaldas que hab\u00edan tenido tiempo para llegar hasta el\u00a0 fondo\u00a0 del espejo y ser encontradas por la mirada de ella que tambi\u00e9n\u00a0 hab\u00eda\u00a0 tenido\u00a0 el tiempo justo para llegar hasta el fondo y regresar (antes de que la mano tuviera tiempo de iniciar la segunda vuelta) hasta los labios que estaban ahora untados de carm\u00edn, desde la primera vuelta de la mano frente\u00a0 al espejo. Yo\u00a0 ve\u00eda, frente\u00a0 a m\u00ed, la pared lisa que era como otro espejo ciego donde y o no la ve\u00eda a ella \u2014 sentada a mis espaldas\u2014 pero imagin\u00e1ndola d\u00f3nde estar\u00eda si en lugar de la pared hubiera sido puesto un espejo. \u00ab Te veo\u00bb , le dije. Y vi en la pared como si ella hubiera levantado los ojos y me hubiera visto de espaldas en el asiento, al fondo del espejo, con la cara vuelta hacia la\u00a0 pared. Despu\u00e9s la\u00a0 vi bajar los p\u00e1rpados, otra vez, y quedarse con los ojos quietos en su corpi\u00f1o; sin hablar. Y y o volv\u00ed a decirle: \u00ab Te veo\u00bb . Y ella volvi\u00f3 a levantar los ojos desde su corpi\u00f1o. \u00ab Es imposible\u00bb , dijo. Yo pregunt\u00e9 por qu\u00e9. Y ella, con los ojos otra vez quietos en el<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">corpi\u00f1o: \u00ab Porque tienes la cara vuelta hacia la pared\u00bb . Entonces y o hice girar el asiento. Ten\u00eda el cigarrillo apretado en la boca. Cuando qued\u00e9\u00a0 frente\u00a0 al espejo ella estaba otra vez junto al velador. Ahora ten\u00eda las manos abiertas\u00a0 sobre\u00a0 la llama, como dos abiertas alas de gallina, as\u00e1ndose y con el rostro sombreado por sus propios dedos. \u00ab Creo que me voy a enfriar\u00bb , dijo.\u00a0 \u00ab \u00c9sta\u00a0 debe\u00a0 ser\u00a0 una ciudad helada\u00bb . Volvi\u00f3 el rostro de perfil y su piel de cobre al rojo se volvi\u00f3 repentinamente triste. \u00ab Haz algo contra eso\u00bb , dije. Y ella empez\u00f3 a desvestirse, pieza por pieza, empezando por arriba; por el corpi\u00f1o. Le dije: \u00ab Voy a voltearme contra la pared\u00bb . Ella dijo: \u00ab No. De todos modos me ver\u00e1s como me viste cuando estaba de espaldas\u00bb . Y no hab\u00eda acabado de decirlo cuando y a estaba desvestida casi por completo, con la llama lami\u00e9ndole la larga piel de cobre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab Siempre hab\u00eda querido verte as\u00ed, con el cuero de la barriga lleno de hondos agujeros, como si te hubieran hecho a palos\u00bb . Y antes de que y o cay era en la cuenta de que mis palabras se hab\u00edan vuelto torpes frente a su desnudez, ella se qued\u00f3 inm\u00f3vil, calent\u00e1ndose en la \u00f3rbita del velador y\u00a0 dijo: \u00ab A veces creo que soy met\u00e1lica\u00bb . Guard\u00f3 silencio un instante. La posici\u00f3n de las manos sobre la llama vari\u00f3 levemente. Yo dije: \u00ab A veces, en otros sue\u00f1os, he cre\u00eddo que no eres sino una estatuilla de bronce en el rinc\u00f3n de alg\u00fan museo. Tal vez por eso sientes fr\u00edo\u00bb . Y ella dijo: \u00ab A veces, cuando me duermo sobre el coraz\u00f3n, siento que el cuerpo se me vuelve hueco y la piel como una l\u00e1mina. Entonces,\u00a0 cuando\u00a0 la sangre me golpea por dentro, es como si alguien me estuviera llamando con los nudillos en el vientre y siento mi propio sonido de cobre en la cama. Es como si fuera as\u00ed como t\u00fa dices: de metal laminado\u00bb . Se acerc\u00f3 m\u00e1s al velador. \u00ab Me habr\u00eda gustado o\u00edrte\u00bb , dije. Y ella dijo: \u00ab Si alguna vez nos encontramos pon el o\u00eddo en mis costillas, cuando me duerma sobre el lado izquierdo, y me oir\u00e1s resonar. Siempre he deseado que lo hagas alguna vez\u00bb . La o\u00ed respirar hondo mientras hablaba. Y dijo que durante a\u00f1os no hab\u00eda hecho nada distinto de eso. Su vida estaba dedicada a encontrarme en la realidad, a trav\u00e9s de esa frase identificadora: \u00ab Ojos de perro azul\u00bb . Y en la calle iba diciendo, en voz alta, que era una manera de decirle a la \u00fanica persona que habr\u00eda podido entenderle:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab Yo\u00a0 soy\u00a0 la\u00a0 que\u00a0 llega\u00a0 a\u00a0 tus sue\u00f1os todas las noches y\u00a0 te\u00a0 dice\u00a0 esto: Ojos\u00a0 de<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">perro azul\u00bb . Y dijo que iba a los restaurantes y les dec\u00eda a los mozos, antes de ordenar el pedido: \u00ab Ojos de perro azul\u00bb . Pero los mozos le hac\u00edan\u00a0 una respetuosa reverencia, sin que hubieran recordado nunca haber dicho eso en sus sue\u00f1os. Despu\u00e9s escrib\u00eda en las servilletas y ray aba con\u00a0 el cuchillo\u00a0 el barniz de las mesas: \u00ab Ojos de perro azul\u00bb . Y en los cristales empa\u00f1ados de los hoteles, de las estaciones, de todos los edificios p\u00fablicos, escrib\u00eda con el \u00edndice: \u00ab Ojos de perro azul\u00bb . Dijo que una vez lleg\u00f3 a una droguer\u00eda y advirti\u00f3 el mismo olor que hab\u00eda\u00a0 sentido\u00a0 en\u00a0 su\u00a0 habitaci\u00f3n\u00a0 una\u00a0 noche,\u00a0 despu\u00e9s\u00a0 de\u00a0 haber\u00a0 so\u00f1ado conmigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab Debe estar cerca\u00bb , pens\u00f3, viendo el embaldosado limpio y nuevo de la droguer\u00eda. Entonces se\u00a0 acerc\u00f3 al dependiente\u00a0 y\u00a0 le\u00a0 dijo: \u00ab Siempre\u00a0 sue\u00f1o con\u00a0 un<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">hombre que me dice: \u201cOjos de perro azul\u201d\u00bb . Y dijo que el vendedor le hab\u00eda mirado a los ojos y le dijo: \u00ab En realidad, se\u00f1orita, usted tiene\u00a0 los ojos as\u00ed\u00bb . Y\u00a0 ella le dijo: \u00ab Necesito encontrar al hombre que\u00a0 me dijo en sue\u00f1os eso mismo\u00bb . Y el vendedor se ech\u00f3 a re\u00edr y se movi\u00f3 hacia el otro lado del mostrador. Ella sigui\u00f3 viendo el embaldosado limpio y sintiendo el olor. Y abri\u00f3 la cartera y se arrodill\u00f3 y escribi\u00f3 sobre el embaldosado, a grandes letras rojas, con la barrita de carm\u00edn para labios: \u00ab Ojos de perro azul\u00bb . El vendedor regres\u00f3 de donde estaba. Le dijo: \u00ab Se\u00f1orita, usted ha manchado el embaldosado\u00bb . Le entreg\u00f3 un trapo h\u00famedo, diciendo: \u00ab L\u00edmpielo\u00bb . Y ella dijo, todav\u00eda junto al velador, que pas\u00f3\u00a0 toda la tarde a gatas, lavando el embaldosado y diciendo \u00ab Ojos de perro azul\u00bb hasta cuando la gente se congreg\u00f3 en la puerta y dijo que estaba loca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora, cuando acab\u00f3 de hablar, y o segu\u00eda en el rinc\u00f3n, sentado, haciendo equilibrio en la silla. \u00ab Yo trato de acordarme todos los d\u00edas la frase con que debo encontrarte\u00bb , dije. \u00ab Ahora creo que ma\u00f1ana no lo olvidar\u00e9. Sin embargo siempre he dicho lo mismo y siempre he olvidado al despertar cu\u00e1les son las palabras con que puedo encontrarte\u00bb . Y ella dijo: \u00ab T\u00fa mismo las\u00a0 inventaste desde el primer d\u00eda\u00bb . Y y o le dije: \u00ab Las invent\u00e9 porque te vi los ojos de ceniza. Pero nunca las recuerdo a la ma\u00f1ana siguiente\u00bb . Y ella, con los pu\u00f1os cerrados junto al velador, respir\u00f3 hondo: \u00ab Si por lo menos pudiera recordar ahora en qu\u00e9 ciudad lo he estado escribiendo\u00bb .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus dientes apretados relumbraron sobre la llama. \u00ab Me gustar\u00eda tocarte\u00a0 ahora\u00bb , dije. Ella levant\u00f3 el rostro que hab\u00eda\u00a0 estado mirando la\u00a0 lumbre: levant\u00f3 la mirada ardiendo, as\u00e1ndose tambi\u00e9n como ella, como sus manos; y\u00a0 y o\u00a0 sent\u00ed que\u00a0 me\u00a0 vio,\u00a0 en\u00a0 el\u00a0 rinc\u00f3n,\u00a0 donde\u00a0 segu\u00eda\u00a0 sentado,\u00a0 meci\u00e9ndome\u00a0 en\u00a0 el asiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab Nunca me hab\u00edas dicho eso\u00bb , dijo. \u00ab Ahora lo digo y es verdad\u00bb , dije. Al otro lado del velador ella pidi\u00f3 un cigarrillo. La colilla hab\u00eda\u00a0 desaparecido de\u00a0 entre\u00a0 mis dedos. Hab\u00eda olvidado que estaba fumando. Dijo: \u00ab No s\u00e9 por qu\u00e9 no puedo recordar d\u00f3nde lo he escrito\u00bb . Y y o le dije: \u00ab Por lo mismo que y o no podr\u00e9 recordar ma\u00f1ana las palabras\u00bb . Y ella dijo, triste: \u00ab No. Es que a veces creo que eso tambi\u00e9n lo he so\u00f1ado\u00bb . Me puse en pie y camin\u00e9\u00a0 hacia\u00a0 el velador.\u00a0 Ella estaba un poco m\u00e1s all\u00e1, y y o sab\u00eda caminando, con los cigarrillos y los f\u00f3sforos en la mano, que no pasar\u00eda el velador. Le tend\u00ed el cigarrillo. Ella\u00a0 lo apret\u00f3 entre los labios y se inclin\u00f3 para alcanzar la llama, antes de que y o tuviera el tiempo de encender el f\u00f3sforo: \u00ab En alguna ciudad del mundo, en todas las paredes, tienen que estar escritas esas palabras: \u201cOjos de perro azul\u201d\u00bb , dije. \u00ab Si ma\u00f1ana las recordara ir\u00eda a buscarte\u00bb . Ella levant\u00f3 otra vez la cabeza y ten\u00eda y a la brasa encendida en los labios. \u00ab Ojos de perro azul\u00bb , sugiri\u00f3, recordando, con el cigarrillo ca\u00eddo sobre la barba y un ojo a medio cerrar. Aspir\u00f3 despu\u00e9s el humo, con el cigarrillo entre los dedos, y exclam\u00f3: \u00ab Ya esto es otra cosa. Estoy entrando en calor\u00bb . Y lo dijo con la voz un poco tibia y huidiza, como si no lo hubiera\u00a0 dicho\u00a0 realmente\u00a0 sino\u00a0 como si lo\u00a0 hubiera\u00a0 escrito\u00a0 en un papel y\u00a0 hubiera<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">acercado el papel a la llama mientras y o le\u00eda: \u00ab Estoy entrando\u00bb , y ella hubiera seguido con el papelito entre el pulgar y el \u00edndice, d\u00e1ndole\u00a0 vueltas, mientras se\u00a0 iba consumiendo y y o acababa de leer: \u00ab \u2026 en calor\u00bb , antes de\u00a0 que\u00a0 el papelito se consumiera por completo y cay era al suelo arrugado, disminuido, convertido en un liviano polvo de ceniza: \u00ab As\u00ed es mejor\u00bb , dije. \u00ab A veces me da miedo verte as\u00ed. Temblando junto al velador\u00bb .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos ve\u00edamos desde hac\u00eda varios a\u00f1os. A veces, cuando y a est\u00e1bamos juntos, alguien dejaba caer afuera un cucharita y despert\u00e1bamos. Poco a poco hab\u00edamos ido comprendiendo que nuestra amistad estaba subordinada a las cosas,\u00a0 a los acontecimientos m\u00e1s simples. Nuestros encuentros terminaban siempre as\u00ed, con el caer de una cucharita en la madrugada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora, junto al velador, me estaba mirando. Yo recordaba que antes tambi\u00e9n me hab\u00eda mirado as\u00ed, desde aquel remoto sue\u00f1o en que hice girar el asiento sobre sus patas posteriores y qued\u00e9 frente a\u00a0 una\u00a0 desconocida\u00a0 de\u00a0 ojos cenicientos. Fue en ese sue\u00f1o en el que le pregunt\u00e9 por primera vez: \u00ab \u00bfQui\u00e9n es usted?\u00bb . Y ella me dijo: \u00ab No lo recuerdo\u00bb . Yo le dije: \u00ab Pero creo que nos hemos visto antes\u00bb . Y ella dijo, indiferente: \u00ab Creo que alguna vez so\u00f1\u00e9 con usted, con este mismo cuarto\u00bb . Y y o le dije: \u00ab Eso es. Ya empieza a recordarlo\u00bb . Y ella dijo: \u00ab Qu\u00e9 curioso. Es cierto que nos hemos encontrado en otros sue\u00f1os\u00bb .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dio dos chupadas al cigarrillo. Yo estaba todav\u00eda parado frente al velador cuando me qued\u00e9 mir\u00e1ndola de pronto. La mir\u00e9 de arriba abajo y todav\u00eda era de cobre; pero no y a de metal duro y\u00a0 fr\u00edo, sino de cobre amarillo, blando, maleable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab Me gustar\u00eda tocarte\u00bb , volv\u00ed a decir. Y ella dijo: \u00ab Lo echar\u00edas todo a\u00a0 perder\u00bb . Yo dije: \u00ab Ahora no importa. Bastar\u00e1 con que demos vuelta a la\u00a0 almohada para que volvamos a encontrarnos\u00bb . Y tend\u00ed la mano por encima del velador. Ella\u00a0 no se movi\u00f3. \u00ab Lo echar\u00edas todo a perder\u00bb , volvi\u00f3 a decir, antes de que y o pudiera tocarla. \u00ab Tal vez, si das la vuelta por detr\u00e1s del velador, despertar\u00edamos sobresaltados qui\u00e9n sabe en qu\u00e9 parte del mundo\u00bb . Pero\u00a0 y o\u00a0 insist\u00ed:\u00a0 \u00ab No importa\u00bb . Y ella dijo: \u00ab Si di\u00e9ramos vuelta a la almohada volver\u00edamos a encontrarnos. Pero t\u00fa, cuando despiertes, lo habr\u00e1s olvidado\u00bb . Empec\u00e9 a moverme hacia el rinc\u00f3n. Ella qued\u00f3 atr\u00e1s, calent\u00e1ndose las manos\u00a0 sobre\u00a0 la llama. Y todav\u00eda\u00a0 no estaba\u00a0 y o junto al asiento cuando le\u00a0 o\u00ed decir a\u00a0 mis espaldas:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00ab Cuando despierto a media noche, me quedo dando vueltas en la cama, con los hilos de la almohada ardi\u00e9ndome en la rodilla y repitiendo hasta el amanecer: Ojos de perro azul\u00bb .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces y o me qued\u00e9 con la cara contra la pared. \u00ab Ya est\u00e1 amaneciendo\u00bb , dije sin mirarla. \u00ab Cuando dieron las dos estaba despierto y de eso hace mucho rato\u00bb . Yo me dirig\u00ed hacia la puerta. Cuando ten\u00eda agarrada\u00a0 la\u00a0 manivela, o\u00ed otra vez su voz igual, invariable: \u00ab No abras esa puerta\u00bb , dijo. \u00ab El corredor est\u00e1 lleno de sue\u00f1os dif\u00edciles\u00bb . Y y o le dije: \u00ab \u00bfC\u00f3mo lo sabes?\u00bb . Y ella me dijo: \u00ab Porque hace un momento estuve all\u00ed y tuve que regresar cuando descubr\u00ed que estaba<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">dormida sobre el coraz\u00f3n\u00bb . Yo ten\u00eda la puerta entreabierta. Mov\u00ed un poco la hoja\u00a0 y un airecillo fr\u00edo y tenue me trajo un fresco olor a tierra vegetal, a campo h\u00famedo. Ella habl\u00f3 otra vez. Yo di la vuelta, moviendo todav\u00eda la\u00a0 hoja\u00a0 montada en goznes silenciosos, y le dije: \u00ab Creo que no hay ning\u00fan corredor aqu\u00ed afuera. Siento el olor del campo\u00bb . Y ella, un poco lejana y a, me dijo: \u00ab Conozco esto m\u00e1s que t\u00fa. Lo que pasa es que all\u00e1 afuera est\u00e1 una mujer so\u00f1ando\u00a0 con\u00a0 el campo\u00bb . Se cruz\u00f3 de brazos sobre la llama. Sigui\u00f3 hablando: \u00ab Es esa mujer que siempre ha deseado tener una casa en el campo y nunca ha podido salir de la ciudad\u00bb . Yo recordaba haber\u00a0 visto la\u00a0 mujer en alg\u00fan sue\u00f1o anterior, pero sab\u00eda, y a con la puerta entreabierta, que dentro de media hora deb\u00eda bajar al desay uno. Y dije: \u00ab De todos modos, tengo que salir de aqu\u00ed para despertar\u00bb .<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Afuera el viento alete\u00f3 un instante, se qued\u00f3 quieto despu\u00e9s y se oy \u00f3 la respiraci\u00f3n de un durmiente que acababa de darse\u00a0 vuelta\u00a0 en la\u00a0 cama. El viento del campo se suspendi\u00f3. Ya no hubo m\u00e1s olores. \u00ab Ma\u00f1ana te\u00a0 reconocer\u00e9\u00a0 por eso\u00bb , dije. \u00ab Te reconocer\u00e9 cuando vea en la calle una mujer que escriba en las paredes: \u201cOjos de perro azul\u201d\u00bb . Y ella, con una sonrisa triste \u2014que era y a una sonrisa de entrega a lo imposible, a lo inalcanzable\u2014, dijo: \u00ab Sin embargo no recordar\u00e1s nada durante el d\u00eda\u00bb . Y volvi\u00f3 a poner\u00a0 las manos sobre\u00a0 el velador, con el semblante oscurecido por una niebla amarga: \u00ab Eres el \u00fanico hombre que, al despertar, no recuerda nada de lo que ha so\u00f1ado\u00bb .<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<h1 style=\"text-align: center;\"><strong>Axolotl<\/strong><\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<a href=\"https:\/\/cuentosin.wordpress.com\/category\/julio-cortazar\/\">Julio Cort\u00e1zar<\/a>23 agosto, 2018<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardin des Plantes y me quedaba horas mir\u00e1ndolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.<br \/>\nEl azar me llev\u00f3 hacia ellos una ma\u00f1ana de primavera en que Par\u00eds abr\u00eda su cola de pavorreal despu\u00e9s de la lenta invernada. Baj\u00e9 por el bulevar de Port-Royal, tom\u00e9 St. Marcel y L\u00b4H\u00f4spital, vi los verdes entre tanto gris y me acord\u00e9 de los leones. Era amigo de los leones y las panteras, pero nunca hab\u00eda entrado en el h\u00famedo y oscuro edificio de los acuarios. Dej\u00e9 mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes. Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dorm\u00eda. Opt\u00e9 por los acuarios, soslay\u00e9 peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me qued\u00e9 una hora mir\u00e1ndolos y sal\u00ed, incapaz de otra cosa.<br \/>\nEn la biblioteca Sainte-Genevi\u00e8ve consult\u00e9 un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del g\u00e9nero amblistoma. Que eran mexicanos lo sab\u00eda ya por ellos mismos, por sus peque\u00f1os rostros rosados aztecas y el cartel en lo alto del acuario. Le\u00ed que se han encontrado ejemplares en \u00c1frica capaces de vivir en tierra durante los per\u00edodos de sequ\u00eda, y que contin\u00faan su vida en el agua al llegar la estaci\u00f3n de lluvias. Encontr\u00e9 su nombre espa\u00f1ol, ajolote, la menci\u00f3n de que son comestibles y que su aceite se usaba (se dir\u00eda que no se usa m\u00e1s) como el de h\u00edgado de bacalao.<br \/>\nNo quise consultar obras especializadas, pero volv\u00ed al d\u00eda siguiente al Jardin des Plantes. Empec\u00e9 a ir a todas las ma\u00f1anas, a veces de ma\u00f1ana y de tarde. El guardi\u00e1n de los acuarios sonre\u00eda perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me pon\u00eda a mirarlos. No hay nada de extra\u00f1o en esto, porque desde el primer momento comprend\u00ed que est\u00e1bamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante segu\u00eda sin embargo uni\u00e9ndonos. Me hab\u00eda bastado detenerme aquella primera ma\u00f1ana ante el cristal donde unas burbujas corr\u00edan en el agua. Los axolotl se amontonaban en el mezquino y angosto (s\u00f3lo yo puedo saber cu\u00e1n angosto y mezquino) piso de piedra y musgo del acuario. Hab\u00eda nueve ejemplares, y la mayor\u00eda apoyaba la cabeza sobre el cristal, mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban. Turbado, casi avergonzado, sent\u00ed como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inm\u00f3viles aglomeradas en el fondo del acuario. Aisl\u00e9 mentalmente una, situada a la derecha y algo separada de las otras, para estudiarla mejor. Vi un cuerpecito rosado y como transl\u00facido (pens\u00e9 en las estuatillas chinas de cristal lechoso), semejante a un peque\u00f1o lagarto de quince cent\u00edmetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria, la parte m\u00e1s sensible de nuestro cuerpo. Por el lomo le corr\u00eda una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que m\u00e1s me obsesion\u00f3 fueron las patas, de una finura sutil\u00edsima, acabadas en menudos dedos, en u\u00f1as minuciosamente humanas. Y entonces descubr\u00ed sus ojos, su cara. Un rostro inexpresivo, sin otro rasgo que los ojos, dos orificios como cabezas de alfiler, enteramente de un oro transparente, carentes de toda vida pero mirando, dej\u00e1ndose penetrar por mi mirada que parec\u00eda pasar a trav\u00e9s del punto \u00e1ureo y perderse en un di\u00e1fano misterio interior. Un delgad\u00edsimo halo negro rodeaba el ojo y lo inscrib\u00eda en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corro\u00edda por el tiempo. La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, s\u00f3lo de perfil se adivinaba su tama\u00f1o considerable; de frente una fina hendidura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crec\u00edan tres ramitas rojas como de coral, una excrecencia vegetal, las branquias, supongo. Y era lo \u00fanico vivo en \u00e9l, cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban r\u00edgidamente y volv\u00edan a bajarse. A veces una pata se mov\u00eda apenas, yo ve\u00eda los diminutos dedos pos\u00e1ndose con suavidad en el musgo. Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino; apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros; surgen dificultades, peleas, fatiga. El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.<br \/>\nFue su quietud lo que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl. Oscuramente me pareci\u00f3 comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente. Despu\u00e9s supe mejor, la contracci\u00f3n de las branquias, el tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina nataci\u00f3n (algunos de ellos nadan con la simple ondulaci\u00f3n del cuerpo) me prob\u00f3 que eran capaces de evadirse de ese sopor mineral en que pasaban horas enteras. Sus ojos, sobre todo, me obsesionaban. Al lado de ellos, en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos de los axolotl me dec\u00edan de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardi\u00e1n tos\u00eda, inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos \u00e1ureos, esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era in\u00fatil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras; jam\u00e1s se advert\u00eda la menor reacci\u00f3n. Los ojos de oro segu\u00edan ardiendo con su dulce, terrible luz; segu\u00edan mir\u00e1ndome, desde una profundidad insondable que me daba v\u00e9rtigo.<br \/>\nY sin embargo estaban cerca. Lo supe antes de esto, antes de ser un axolotl. Lo supe el d\u00eda en que me acerqu\u00e9 a ellos por primera vez. Los rasgos antropom\u00f3rficos de un mono revelan, al rev\u00e9s de lo que cree la mayor\u00eda, la distancia que va de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me prob\u00f3 que mi reconocimiento era v\u00e1lido, que no me apoyaba en analog\u00edas f\u00e1ciles. S\u00f3lo las manecitas\u2026 Pero una lagartija tiene tambi\u00e9n manos as\u00ed, y en nada se nos parece. Yo creo que era la cabeza de los axolotl, esa forma triangular rosada con los ojillos de oro. Eso miraba y sab\u00eda. Eso reclamaba. No eran animales.<br \/>\nParec\u00eda f\u00e1cil, casi obvio, caer en la mitolog\u00eda. Empec\u00e9 viendo en los axolotl una metamorfosis que no consegu\u00eda anular una misteriosa humanidad. Los imagin\u00e9 conscientemente, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexi\u00f3n desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente l\u00facido, me penetraba como un mensaje: \u00abS\u00e1lvanos, s\u00e1lvanos.\u00bb Me sorprend\u00eda musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos segu\u00edan mir\u00e1ndome, inm\u00f3viles; de pronto las ramillas rosadas de las branquias se enderezaban. En ese instante yo sent\u00eda como un dolor sordo; tal vez me ve\u00edan, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable de sus vidas. No eran seres humanos, pero en ning\u00fan animal hab\u00eda encontrado una relaci\u00f3n tan profunda conmigo. Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sent\u00eda innoble frente a ellos; hab\u00eda una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas, pero larva quiere decir m\u00e1scara y tambi\u00e9n fantasma. Detr\u00e1s de esas caras aztecas, inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable, \u00bfqu\u00e9 imagen esperaba su hora?<br \/>\nLes tem\u00eda. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardi\u00e1n, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos. \u00abUsted se los come con los ojos\u00bb, me dec\u00eda riendo el guardi\u00e1n, que deb\u00eda suponerme un poco desequilibrado. No se daba cuenta de lo que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos, en un canibalismo de oro. Lejos del acuario no hac\u00eda m\u00e1s que pensar en ellos, era como si me influyeran a distancia. Llegu\u00e9 a ir todos los d\u00edas, y de noche los imaginaba inm\u00f3viles en la oscuridad, adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro. Acaso sus ojos ve\u00edan en plena noche, y el d\u00eda continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de un axolotl no tienen p\u00e1rpados.<br \/>\nAhora s\u00e9 que no hubo nada de extra\u00f1o, que eso ten\u00eda que ocurrir. Cada ma\u00f1ana, al inclinarme sobre el acuario, el reconocimiento era mayor. Sufr\u00edan, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura r\u00edgida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto se\u00f1or\u00edo aniquilado, un tiempo de libertad en que el mundo hab\u00eda sido de los axolotl. No era posible que una expresi\u00f3n tan terrible, que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de que esa condena eterna, de ese infierno l\u00edquido que padec\u00edan. In\u00fatilmente quer\u00eda probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sab\u00edamos. Por eso no hubo nada de extra\u00f1o en lo que ocurri\u00f3. Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez m\u00e1s de penetrar el misterio de esos ojos de oro sin iris y sin pupila. Ve\u00eda de muy cerca la cara de un axolotl inm\u00f3vil junto al vidrio. Sin transici\u00f3n, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, la vi fuera del acuario, la vi del otro lado del vidrio. Entonces mi cara se apart\u00f3 y yo comprend\u00ed.<br \/>\nS\u00f3lo una cosa era extra\u00f1a: seguir pensando como antes, saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera, mi cara volv\u00eda a acercarse al vidrio, ve\u00eda mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl. Yo era un axolotl y sab\u00eda ahora instant\u00e1neamente que ninguna comprensi\u00f3n era posible. \u00c9l estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario. Conoci\u00e9ndolo, siendo \u00e9l mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror ven\u00eda \u2014lo supe en ese momento\u2014 de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a \u00e9l con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme l\u00facidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello ces\u00f3 cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando movi\u00e9ndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a m\u00ed que me miraba, y supe que tambi\u00e9n \u00e9l sab\u00eda, sin comunicaci\u00f3n posible pero tan claramente. O yo estaba tambi\u00e9n en \u00e9l, o todos nosotros pens\u00e1bamos como un hombre, incapaces de expresi\u00f3n, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.<br \/>\n\u00c9l volvi\u00f3 muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo vi, me mir\u00f3 largo rato y se fue bruscamente. Me pareci\u00f3 que no se interesaba tanto por nosotros, que obedec\u00eda a una costumbre. Como lo \u00fanico que hago es pensar, pude pensar mucho en \u00e9l. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que \u00e9l se sent\u00eda m\u00e1s que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes est\u00e1n cortados entre \u00e9l y yo, porque lo que era su obsesi\u00f3n es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre. Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a \u00e9l \u2014ah, s\u00f3lo en cierto modo\u2014 y mantener alerta su deseo de conocernos mejor. Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es s\u00f3lo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa. Me parece que de todo esto alcanc\u00e9 a comunicarle algo en los primeros d\u00edas, cuando yo era todav\u00eda \u00e9l. Y en esta soledad final, a la que \u00e9l ya no vuelve, me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl<\/p>\n<p><strong>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0En este pueblo no hay ladrones<\/strong><\/p>\n<p>Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez(Aracataca, Colombia 1928 &#8211; M\u00e9xico DF, 2014)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0D\u00e1maso regres\u00f3 al\u00a0cuarto con los primeros gallos. Ana, su mujer, encinta de seis meses, lo esperaba sentada en la cama, vestida y con zapatos. La l\u00e1mpara de petr\u00f3leo empezaba a extinguirse. D\u00e1maso comprendi\u00f3 que su mujer no hab\u00eda dejado de esperarlo un segundo en toda la noche, y que a\u00fan en ese momento, vi\u00e9ndolo frente a ella, continuaba esperando. Le hizo un gesto tranquilizador que ella no respondi\u00f3. Fij\u00f3 los ojos asustados en el bulto de tela roja que \u00e9l llevaba en la mano, apret\u00f3 los labios y se puso a temblar. D\u00e1maso la asi\u00f3 por el corpi\u00f1o con una violencia silenciosa. Exhalaba un tufo agrio.<br \/>\nAna se dej\u00f3 levantar casi en vilo. Luego descarg\u00f3 todo el peso del cuerpo hacia adelante, llorando contra la franela a rayas coloradas de su marido, y lo tuvo abrazado por los ri\u00f1ones hasta cuando logr\u00f3 dominar la crisis.<br \/>\n\u2014Me dorm\u00ed sentada \u2014dijo\u2014, de pronto abrieron la puerta y te empujaron dentro del cuarto, ba\u00f1ado en sangre.<br \/>\nD\u00e1maso la separ\u00f3 sin decir nada. La volvi\u00f3 a sentar en la cama. Despu\u00e9s le puso el envoltorio en el regazo y sali\u00f3 a orinar al patio. Entonces ella solt\u00f3 los nudos y vio: eran tres bolas de billar, dos blancas y una roja, sin brillo, estropeadas por los golpes.<br \/>\nCuando volvi\u00f3 al cuarto, D\u00e1maso la encontr\u00f3 en una contemplaci\u00f3n intrigada.<br \/>\n\u2014\u00bf Y esto para qu\u00e9 sirve? \u2014pregunt\u00f3 Ana.<br \/>\n\u00c9l se encogi\u00f3 de hombros.<br \/>\n\u2014Para jugar billar.<br \/>\nVolvi\u00f3 a hacer los nudos y guard\u00f3 el envoltorio con la ganz\u00faa improvisada, la linterna de pilas y el cuchillo, en el fondo del ba\u00fal. Ana se acost\u00f3 de cara a la pared sin quitarse la ropa. D\u00e1maso se quit\u00f3 s\u00f3lo los pantalones. Estirado en la cama, fumando en la oscuridad, trat\u00f3 de identificar alg\u00fan rastro de su aventura en los susurros dispersos de la madrugada, hasta que se dio cuenta de que su mujer estaba despierta.<br \/>\n\u2014\u00bfEn qu\u00e9 piensas?<br \/>\n\u2014En nada \u2014dijo ella.<br \/>\nLa voz, de ordinario matizada de registros baritonales, parec\u00eda m\u00e1s densa por el rencor. D\u00e1maso dio una \u00faltima chupada al cigarrillo y aplast\u00f3 la colilla en el piso de tierra.<br \/>\n\u2014No hab\u00eda nada m\u00e1s \u2014suspir\u00f3\u2014. Estuve adentro como una hora.<br \/>\n\u2014Han debido pegarte un tiro \u2014dijo ella.<br \/>\nD\u00e1maso se estremeci\u00f3. \u2014Maldita sea \u2014dijo, golpeando con los nudillos el marco de madera de la cama. Busc\u00f3 a tientas, en el suelo, los cigarrillos y los f\u00f3sforos.<br \/>\n\u2014Tienes entra\u00f1as de burro \u2014dijo Ana\u2014. Has debido tener en cuenta que yo estaba aqu\u00ed sin poder dormir, creyendo que te tra\u00edan muerto cada vez que hab\u00eda un ruido en la calle. \u2014Agreg\u00f3 con un suspiro:\u2014 Y todo eso para salir con tres bolas de billar.<br \/>\n\u2014En la gaveta no hab\u00eda sino veinticinco centavos.<br \/>\n\u2014Entonces no has debido traer nada.<br \/>\n\u2014El problema era entrar \u2014dijo D\u00e1maso\u2014. No pod\u00eda venirme con las manos vac\u00edas.<br \/>\n\u2014Hubieras cogido cualquier otra cosa.<br \/>\n\u2014No hab\u00eda nada m\u00e1s \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014En ninguna parte hay tantas cosas como en el sal\u00f3n de billar.<br \/>\n\u2014As\u00ed parece \u2014dijo D\u00e1maso\u2014. Pero despu\u00e9s, cuando uno est\u00e1 all\u00e1 adentro, se pone a mirar las cosas y a registrar por todos lados y se da cuenta de que no hay nada que sirva.<br \/>\nElla hizo un largo silencio. D\u00e1maso la imagin\u00f3 con los ojos abiertos, tratando de encontrar alg\u00fan objeto de valor en la oscuridad de la memoria.<br \/>\n\u2014Tal vez \u2014dijo.<br \/>\nD\u00e1maso volvi\u00f3 a fumar. El alcohol lo abandonaba en ondas conc\u00e9ntricas y \u00e9l asum\u00eda de nuevo el peso, el volumen y la responsabilidad de su cuerpo.<br \/>\n\u2014Hab\u00eda un gato all\u00e1 adentro \u2014dijo\u2014. Un enorme gato blanco.<br \/>\nAna se volte\u00f3, apoy\u00f3 el vientre abultado contra el vientre de su marido, y le meti\u00f3 la pierna entre las rodillas. Ol\u00eda a cebolla.<br \/>\n\u2014\u00bfEstabas muy asustado?<br \/>\n\u2014\u00bfYo?<br \/>\n\u2014T\u00fa \u2014dijo Ana\u2014. Dicen que los hombres tambi\u00e9n se asustan.<br \/>\n\u00c9l la sinti\u00f3 sonre\u00edr, y sonri\u00f3.<br \/>\n\u2014Un poco \u2014dijo\u2014. No pod\u00eda aguantar las ganas de orinar.<br \/>\nSe dej\u00f3 besar sin corresponder. Luego, consciente de los riesgos pero sin arrepentimiento, como evocando los recuerdos de un viaje, le cont\u00f3 los pormenores de su aventura.<br \/>\nElla habl\u00f3 despu\u00e9s de un largo silencio.<br \/>\n\u2014Fue una locura.<br \/>\n\u2014Todo es cuesti\u00f3n de empezar \u2014dijo D\u00e1maso, cerrando los ojos\u2014. Adem\u00e1s, para ser la primera vez la cosa no sali\u00f3 tan mal.<\/p>\n<p>\u2014 El sol calent\u00f3 tarde. Cuando D\u00e1maso despert\u00f3, hac\u00eda rato que su mujer estaba levantada. Meti\u00f3 la cabeza en el chorro del patio y la tuvo all\u00ed varios minutos, hasta que acab\u00f3 de despertar. El cuarto formaba parte de una galer\u00eda de habitaciones iguales e independientes, con un patio com\u00fan atravesado por alambres de secar ropa. Contra la pared posterior, separados del patio por un tabique de lata, Ana hab\u00eda instalado un anafe para cocinar y calentar las planchas, y una mesita para comer y planchar. Cuando vio acercarse a su marido puso a un lado la ropa planchada y quit\u00f3 las planchas de hierro del anafe para calentar el caf\u00e9. Era mayor que \u00e9l, de piel muy p\u00e1lida, y sus movimientos ten\u00edan esa suave eficacia de la gente acostumbrada a la realidad.<br \/>\nDesde la niebla de su dolor de cabeza, D\u00e1maso comprendi\u00f3 que su mujer quer\u00eda decirle algo con la mirada. Hasta entonces no hab\u00eda puesto atenci\u00f3n a las voces del patio.<br \/>\n\u2014No han hablado de otra cosa en toda la ma\u00f1ana \u2014murmur\u00f3 Ana, sirvi\u00e9ndose el caf\u00e9\u2014. Los hombres se fueron para all\u00e1 desde hace rato.<br \/>\nD\u00e1maso comprob\u00f3 que los hombres y los ni\u00f1os hab\u00edan desaparecido del patio. Mientras tomaba el caf\u00e9, sigui\u00f3 en silencio la conversaci\u00f3n de las mujeres que colgaban la ropa al sol. Al final encendi\u00f3 un cigarrillo y sali\u00f3 de la cocina.<br \/>\n\u2014Teresa \u2014llam\u00f3.<br \/>\nUna muchacha con la ropa mojada, adherida al cuerpo, respondi\u00f3 al llamado.<br \/>\n\u2014Ten cuidado \u2014dijo Ana. La muchacha se acerc\u00f3.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 es lo que pasa? \u2014pregunt\u00f3 D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014Que se metieron en el sal\u00f3n de billar y cargaron con todo \u2014dijo la muchacha.<br \/>\nParec\u00eda minuciosamente informada. Explic\u00f3 c\u00f3mo desmantelaron el establecimiento, pieza por pieza, hasta llevarse la mesa de billar. Hablaba con tanta convicci\u00f3n que D\u00e1maso no pudo creer que no fuera cierto.<br \/>\n\u2014Mierda \u2014dijo, de regreso a la cocina.<br \/>\nAna se puso a cantar entre dientes. D\u00e1maso recost\u00f3 un asiento contra la pared del patio, procurando reprimir la ansiedad. Tres meses antes, cuando cumpli\u00f3 20 a\u00f1os, el bigote lineal, cultivado no s\u00f3lo con un secreto esp\u00edritu de sacrificio sino tambi\u00e9n con cierta ternura, puso un toque de madurez en su rostro petrificado por la viruela. Desde entonces se sinti\u00f3 adulto. Pero aquella ma\u00f1ana, con los recuerdos de la noche anterior flotando en la ci\u00e9naga de su dolor de cabeza, no encontraba por d\u00f3nde empezar a vivir.<br \/>\nCuando acab\u00f3 de planchar, Ana reparti\u00f3 la ropa limpia en dos bultos iguales y se dispuso a salir a la calle.<br \/>\n\u2014No te demores \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014Como siempre.<br \/>\nLa sigui\u00f3 hasta el cuarto.<br \/>\n\u2014Ah\u00ed te dejo la camisa de cuadros \u2014dijo Ana\u2014. Es mejor que no te vuelvas a poner la franela. \u2014Se enfrent\u00f3 a los di\u00e1fanos ojos de gato de su marido.\u2014 No sabemos si alguien te vio.<br \/>\nD\u00e1maso se sec\u00f3 en el pantal\u00f3n el sudor de las manos.<br \/>\n\u2014No me vio nadie.<br \/>\n\u2014No sabemos \u2014repiti\u00f3 Ana. Cargaba un bulto de ropa en cada brazo\u2014. Adem\u00e1s, es mejor que no salgas. Espera primero que yo d\u00e9 una vueltecita por all\u00e1, como quien no quiere la cosa.<br \/>\nNo se hablaba de nada distinto en el pueblo. Ana tuvo que escuchar varias veces, en versiones diferentes y contradictorias, los pormenores del mismo episodio. Cuando acab\u00f3 de repartir la ropa, en vez de ir al mercado como todos los s\u00e1bados, fue directamente a la plaza.<br \/>\nNo encontr\u00f3 frente al sal\u00f3n de billar tanta gente como imaginaba. Algunos hombres conversaban a la sombra de los almendros. Los sirios hab\u00edan guardado sus trapos de colores para almorzar, y los almacenes parec\u00edan cabecear bajo los toldos de lona. Un hombre dorm\u00eda desparramado en un mecedor, con la boca y las piernas y los brazos abiertos, en la sala del hotel. Todo estaba paralizado en el calor de las doce.<br \/>\nAna sigui\u00f3 de largo por el sal\u00f3n de billar, y al pasar por el solar bald\u00edo situado frente al puerto se encontr\u00f3 con la multitud. Entonces record\u00f3 algo que D\u00e1maso le hab\u00eda contado, que todo el mundo sabia pero que s\u00f3lo los clientes del establecimiento pod\u00edan tener presente: la puerta posterior del sal\u00f3n de billar daba al solar bald\u00edo. Un momento despu\u00e9s, protegi\u00e9ndose el vientre con los brazos, se encontr\u00f3 confundida con la multitud, los ojos fijos en la puerta violada. El candado estaba intacto, pero una de las argollas hab\u00eda sido arrancada como una muela. Ana contempl\u00f3 por un momento los estragos de aquel trabajo solitario y modesto, y pens\u00f3 en, su marido con un sentimiento de piedad.<br \/>\n\u2014\u00bfQui\u00e9n fue?<br \/>\nNo se atrevi\u00f3 a mirar en torno suyo.<br \/>\n\u2014No se sabe \u2014le respondieron\u2014. Dicen que fue un forastero.<br \/>\n\u2014Tuvo que ser \u2014dijo una mujer a sus espaldas\u2014. En este pueblo no hay ladrones. Todo el mundo conoce a todo el mundo.<br \/>\nAna volvi\u00f3 la cabeza.<br \/>\n\u2014As\u00ed es \u2014dijo sonriendo. Estaba empapada en sudor. A su lado hab\u00eda un hombre muy viejo con arrugas profundas en la nuca.<br \/>\n\u2014\u00bfCargaron con todo? \u2014pregunt\u00f3 ella.<br \/>\n\u2014Doscientos pesos y las bolas de billar \u2014dijo el viejo. La examin\u00f3 con una atenci\u00f3n fuera de lugar\u2014. Dentro de poco habr\u00e1 que dormir con los ojos abiertos.<br \/>\nAna apart\u00f3 la mirada.<br \/>\n\u2014As\u00ed es \u2014volvi\u00f3 a decir. Se puso un trapo en la cabeza, alej\u00e1ndose, sin poder sortear la impresi\u00f3n de que el viejo la segu\u00eda mirando.<br \/>\nDurante un cuarto de hora, la multitud bloqueada en el solar observ\u00f3 una conducta respetuosa, como si hubiera un muerto detr\u00e1s de la puerta violada. Despu\u00e9s se agit\u00f3, gir\u00f3 sobre s\u00ed misma, y desemboc\u00f3 en la plaza.<br \/>\nEl propietario del sal\u00f3n de billar estaba en la puerta, con el alcalde y dos agentes de la polic\u00eda. Bajo y redondo, los pantalones sostenidos por la sola presi\u00f3n del est\u00f3mago y con unos anteojos como los que hacen los ni\u00f1os, parec\u00eda investido de una dignidad extenuante.<br \/>\nLa multitud lo rode\u00f3. Apoyada contra la pared, Ana escuch\u00f3 sus informaciones hasta que la multitud empez\u00f3 a dispersarse. Despu\u00e9s regres\u00f3 al cuarto, congestionada por la sofocaci\u00f3n, en medio de una bulliciosa manifestaci\u00f3n de vecinos.<br \/>\nEstirado en la cama, D\u00e1maso se hab\u00eda preguntado muchas veces c\u00f3mo hizo Ana la noche anterior para esperarlo sin fumar. Cuando la vio entrar, sonriente, quit\u00e1ndose de la cabeza el trapo empapado en sudor, aplast\u00f3 el cigarrillo casi entero en el piso de tierra, en medio de un reguero de colillas, y esper\u00f3 con mayor ansiedad.<br \/>\n\u2014\u00bfEntonces?<br \/>\nAna se arrodill\u00f3 frente a la cama.<br \/>\n\u2014Que adem\u00e1s de ladr\u00f3n eres embustero \u2014dijo.<br \/>\n\u2014\u00bfPor qu\u00e9?<br \/>\n\u2014Porque me dijiste que no hab\u00eda nada en la gaveta.<br \/>\nD\u00e1maso frunci\u00f3 las cejas.<br \/>\n\u2014No hab\u00eda nada.<br \/>\n\u2014Hab\u00eda doscientos pesos \u2014dijo Ana.<br \/>\n\u2014Es mentira \u2014replic\u00f3 \u00e9l, levantando la voz. Sentado en la cama recobr\u00f3 el tono confidencial\u2014. S\u00f3lo hab\u00eda veinticinco centavos.<br \/>\nLa convenci\u00f3.<br \/>\n\u2014Es un viejo bandido \u2014dijo D\u00e1maso, apretando los pu\u00f1os\u2014. Se est\u00e1 buscando que le desbarate la cara.<br \/>\nAna ri\u00f3 con franqueza.<br \/>\n\u2014No seas bruto.<br \/>\nTambi\u00e9n \u00e9l acab\u00f3 por re\u00edr. Mientras se afeitaba, su mujer lo inform\u00f3 de lo que hab\u00eda logrado averiguar. La polic\u00eda buscaba un forastero.<br \/>\n\u2014Dicen que lleg\u00f3 el jueves y que anoche lo vieron dando vueltas por el puerto \u2014dijo\u2014. Dicen que no han podido encontrarlo por ninguna parte. \u2014D\u00e1maso pens\u00f3 en el forastero que no hab\u00eda visto nunca y por un instante sospech\u00f3 de \u00e9l con una convicci\u00f3n sincera.<br \/>\n\u2014Puede ser que se haya ido \u2014dijo Ana.<br \/>\nComo siempre, D\u00e1maso necesit\u00f3 tres horas para arreglarse. Primero fue la talla milim\u00e9trica del bigote. Despu\u00e9s el ba\u00f1o en el chorro del patio. Ana sigui\u00f3 paso a paso, con un fervor que nada hab\u00eda quebrantado desde la noche en que lo vio por primera vez, el laborioso proceso de su peinado. Cuando lo vio mir\u00e1ndose al espejo para salir, con la camisa de cuadros rojos, Ana se encontr\u00f3 madura y desarreglada. D\u00e1maso ejecut\u00f3 frente a ella un pase de boxeo con la elasticidad de un profesional. Ella lo agarr\u00f3 por las mu\u00f1ecas.<br \/>\n\u2014\u00bfTienes moneda?<br \/>\n\u2014Soy rico \u2014contest\u00f3 D\u00e1maso de buen humor\u2014. Tengo los doscientos pesos.<br \/>\nAna se volte\u00f3 hacia la pared, sac\u00f3 del seno un rollo de billetes, y le dio un peso a su marido, diciendo:<br \/>\n\u2014Toma, Jorge Negrete.<br \/>\nAquella noche, D\u00e1maso estuvo en la plaza con el grupo de sus amigos. La gente que llegaba del campo con productos para vender en el mercado del domingo, colgaba, toldos en medio de los puestos de frituras y las mesas de loter\u00eda, y desde la prima noche se les o\u00eda roncar. Los amigos de D\u00e1maso no parec\u00edan m\u00e1s interesados por el robo del sal\u00f3n de billar que por la transmisi\u00f3n radial del campeonato de b\u00e9isbol, que no podr\u00edan escuchar esa noche por estar cerrado el establecimiento.<br \/>\nHablando de b\u00e9isbol, sin ponerse de acuerdo ni enterarse previamente del programa, entraron al cine.<br \/>\nDaban una pel\u00edcula de\u00a0<em>Cantinflas<\/em>. En la primera fila de la galer\u00eda, D\u00e1maso ri\u00f3 sin remordimientos. Se sent\u00eda convaleciente de sus emociones. Era una buena noche de junio, y en los instantes vac\u00edos en que s\u00f3lo se percib\u00eda la llovizna del proyector pesaba sobre el cine sin techo el silencio de las estrellas.<br \/>\nDe pronto, las im\u00e1genes de la pantalla palidecieron y hubo un estr\u00e9pito en el fondo de la platea. En la claridad repentina, D\u00e1maso se sinti\u00f3 descubierto y se\u00f1alado, y trat\u00f3 de correr. Pero en seguida vio al p\u00fablico de la platea, paralizado, y a un agente de la polic\u00eda, el cintur\u00f3n enrollado en la mano, que golpeaba rabiosamente a un hombre con la pesada hebilla de cobre. Era un negro monumental. Las mujeres empezaron a gritar, y el agente que golpeaba al negro empez\u00f3 a gritar por encima de los gritos de las mujeres: \u00ab\u00a1Ratero! \u00a1Ratero!\u00bb. El negro se rod\u00f3 por entre el reguero de sillas, perseguido por dos agentes que lo golpearon en los ri\u00f1ones hasta que pudieron trabarlo por la espalda. Luego el que lo hab\u00eda azotado le amarr\u00f3 los codos por detr\u00e1s con la correa y los tres lo empujaron hacia la puerta. Las cosas sucedieron con tanta rapidez, que D\u00e1maso s\u00f3lo comprendi\u00f3 lo ocurrido cuando el negro pas\u00f3 junto a \u00e9l, con la camisa rota y la cara embadurnada de un amasijo de polvo, sudor y sangre, sollozando: \u00abAsesinos, asesinos\u00bb. Despu\u00e9s encendieron las luces y se reanud\u00f3 la pel\u00edcula.<br \/>\nD\u00e1maso no volvi\u00f3 a re\u00edr. Vio retazos de una historia descosida, fumando sin pausas, hasta que se encendi\u00f3 la luz y los espectadores se miraron entre s\u00ed, como asustados de la realidad. \u00abQu\u00e9 buena\u00bb, exclam\u00f3 alguien a su lado. D\u00e1maso no lo mir\u00f3.<br \/>\n\u2014<em>Cantinflas<\/em>\u00a0es muy bueno \u2014dijo.<br \/>\nLa corriente lo llev\u00f3 hasta la puerta. Las vendedoras de comida, cargadas de trastos, regresaban a casa. Eran m\u00e1s de las once, pero hab\u00eda mucha gente en la calle esperando a que salieran del cine para informarse de la captura del negro.<br \/>\nAquella noche D\u00e1maso entr\u00f3 al cuarto con tanta cautela, que cuando Ana lo advirti\u00f3 entre sue\u00f1os fumaba el segundo cigarrillo, estirado en la cama.<br \/>\n\u2014La comida est\u00e1 en el rescoldo \u2014dijo ella.<br \/>\n\u2014No tengo hambre \u2014dijo D\u00e1maso. Ana suspir\u00f3.<br \/>\n\u2014So\u00f1\u00e9 que Nora estaba haciendo mu\u00f1ecos de mantequilla \u2014dijo, todav\u00eda sin despertar. De pronto cay\u00f3 en la cuenta de que hab\u00eda dormido sin quererlo y se volvi\u00f3 hacia D\u00e1maso, ofuscada, frot\u00e1ndose los ojos.<br \/>\n\u2014Cogieron al forastero \u2014dijo.<br \/>\nD\u00e1maso se demor\u00f3 para hablar.<br \/>\n\u2014\u00bfQui\u00e9n dijo?<br \/>\n\u2014Lo cogieron en el cine \u2014dijo Ana\u2014. Todo el mundo est\u00e1 por aquellos lados.<br \/>\nCont\u00f3 una versi\u00f3n desfigurada de la captura. D\u00e1maso no la rectific\u00f3.<br \/>\n\u2014Pobre hombre \u2014suspir\u00f3 Ana.<br \/>\n\u2014Pobre por qu\u00e9 \u2014protest\u00f3 D\u00e1maso, excitado\u2014. \u00bfQuisieras entonces que fuera yo el que estuviera en el cepo?<br \/>\nElla lo conoc\u00eda demasiado para replicar. Lo sinti\u00f3 fumar, respirando como un asm\u00e1tico, hasta que cantaron los primeros gallos. Despu\u00e9s lo sinti\u00f3 levantado, trasegando por el cuarto en un trabajo oscuro que parec\u00eda m\u00e1s del tacto que de la vista. Despu\u00e9s lo sinti\u00f3 raspar el suelo debajo de la cama por m\u00e1s de un cuarto de hora, y despu\u00e9s lo sinti\u00f3 desvestirse en la oscuridad, tratando de no hacer ruido, sin saber que ella no hab\u00eda dejado de ayudarlo un instante al hacerle creer que estaba dormida. Algo se movi\u00f3 en lo m\u00e1s primitivo de sus instintos. Ana sab\u00eda entonces que D\u00e1maso estuvo en el cine, y comprendi\u00f3 por qu\u00e9 acababa de enterrar las bolas de billar debajo de la cama.<br \/>\nEl sal\u00f3n se abri\u00f3 el lunes y fue invadido por una clientela exaltada. La mesa de billar hab\u00eda sido cubierta con un pa\u00f1o morado que le imprimi\u00f3 al establecimiento un car\u00e1cter funerario. Pusieron un letrero en la pared: \u00abNo hay servicio por falta de bolas\u00bb. La gente entraba a leer el letrero como si fuera una novedad. Algunos permanec\u00edan, frente a \u00e9l, reley\u00e9ndolo con una devoci\u00f3n indescifrable.<br \/>\nD\u00e1maso estuvo entre los primeros clientes. Hab\u00eda pasado una parte de su vida en los esca\u00f1os destinados a los espectadores del billar, y all\u00ed estuvo desde que volvieron a abrirse las puertas. Fue algo tan dif\u00edcil pero tan moment\u00e1neo como un p\u00e9same. Le dio una palmadita en el hombro al propietario, por encima del mostrador, y le dijo:<br \/>\n\u2014Qu\u00e9 vaina, don Roque.<br \/>\nEl propietario sacudi\u00f3 la cabeza con una sonrisita de aflicci\u00f3n, suspirando: \u00abYa ves\u00bb. Y sigui\u00f3 atendiendo la clientela, mientras D\u00e1maso, instalado en uno de los taburetes del mostrador, contemplaba la, mesa espectral bajo el sudario morado.<br \/>\n\u2014Qu\u00e9 raro \u2014dijo.<br \/>\n\u2014Es verdad \u2014confirm\u00f3 un hombre en el taburete vecino\u2014. Parece que estuvi\u00e9ramos en semana santa.<br \/>\nCuando la mayor\u00eda de los clientes se fue a almorzar, D\u00e1maso meti\u00f3 una moneda en el tocadiscos autom\u00e1tico y seleccion\u00f3 un corrido mexicano cuya colocaci\u00f3n en el tablero conoc\u00eda de memoria. Don Roque trasladaba mesitas y silletas al fondo del sal\u00f3n.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 hace? \u2014le pregunt\u00f3 D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014Voy a poner barajas \u2014contest\u00f3 don Roque\u2014. Hay que hacer algo mientras llegan las bolas.<br \/>\nMovi\u00e9ndose casi a tientas, con una silla en cada brazo, parec\u00eda un viudo reciente.<br \/>\n\u2014\u00bfCu\u00e1ndo llegan? \u2014pregunt\u00f3 D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014Antes de un mes, espero.<br \/>\n\u2014Para entonces habr\u00e1n aparecido las otras \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\nDon Roque observ\u00f3 satisfecho la hilera de mesitas.<br \/>\n\u2014No aparecer\u00e1n \u2014dijo, sec\u00e1ndose la frente con la manga\u2014. Tienen al negro sin comer desde el s\u00e1bado y no ha querido decir d\u00f3nde est\u00e1n. \u2014Midi\u00f3 a D\u00e1maso a trav\u00e9s de los cristales empa\u00f1ados por el sudor.\u2014 Estoy seguro que las ech\u00f3 al rio.<br \/>\nD\u00e1maso se mordisque\u00f3 los labios.<br \/>\n\u2014\u00bfY los doscientos pesos?<br \/>\n\u2014Tampoco \u2014dijo don Roque\u2014. S\u00f3lo le encontraron treinta.<br \/>\nSe miraron a los ojos. D\u00e1maso no habr\u00eda podido explicar su impresi\u00f3n de que aquella mirada establec\u00eda entre \u00e9l y don Roque una relaci\u00f3n de complicidad. Esa tarde, desde el lavadero, Ana lo vio llegar dando saltitos de boxeador. Lo sigui\u00f3 hasta el cuarto.<br \/>\n\u2014Listo \u2014dijo D\u00e1maso\u2014. El viejo est\u00e1 tan resignado que encarg\u00f3 bolas nuevas. Ahora es cuesti\u00f3n de esperar que nadie se acuerde.<br \/>\n\u2014\u00bfY el negro?<br \/>\n\u2014No es nada \u2014dijo D\u00e1maso, alz\u00e1ndose de hombros\u2014. Si no le encuentran las bolas tienen que soltarlo.<br \/>\nDespu\u00e9s de la comida, se sentaron a la puerta de la calle y estuvieron conversando con los vecinos hasta que se apag\u00f3 el parlante del cine. A la hora de acostarse D\u00e1maso estaba excitado.<br \/>\n\u2014Se me, ha ocurrido el mejor negocio del mundo \u2014dijo.<br \/>\nAna comprendi\u00f3 qu\u00e9 \u00e9l hab\u00eda molido un mismo pensamiento desde el atardecer.<br \/>\n\u2014Me voy de pueblo en pueblo \u2014continu\u00f3 D\u00e1maso\u2014. Me robo las bolas de billar en uno y las vendo en el otro. En todos los pueblos hay un sal\u00f3n de billar.<br \/>\n\u2014Hasta que te peguen un tiro.<br \/>\n\u2014Qu\u00e9 tiro ni qu\u00e9 tiro \u2014dijo \u00e9l\u2014. Eso no se ve sino en las pel\u00edculas. \u2014Plantado en la mitad del cuarto se ahogaba en su propio entusiasmo. Ana empez\u00f3 a desvestirse, en apariencia indiferente, pero en realidad oy\u00e9ndolo con una atenci\u00f3n compasiva.<br \/>\n\u2014Me voy a comprar una hilera de vestidos \u2014dijo D\u00e1maso, y se\u00f1al\u00f3 con el \u00edndice un ropero imaginario del tama\u00f1o de la pared\u2014. Desde aqu\u00ed hasta all\u00ed. Y adem\u00e1s cincuenta pares de zapatos.<br \/>\n\u2014Dios te oiga \u2014dijo Ana.<br \/>\nD\u00e1maso fij\u00f3 en ella una mirada seria.<br \/>\n\u2014No te interesan mis cosas \u2014dijo.<br \/>\n\u2014Est\u00e1n muy lejos para m\u00ed \u2014dijo Ana. Apag\u00f3 la l\u00e1mpara, se acost\u00f3 contra la pared, y agreg\u00f3 con una amargura cierta\u2014: Cuando t\u00fa tengas treinta a\u00f1os yo tendr\u00e9 cuarenta y siete.<br \/>\n\u2014No seas boba \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\nSe palp\u00f3 los bolsillos en busca de los f\u00f3sforos.<br \/>\n\u2014T\u00fa tampoco tendr\u00e1s que aporrear m\u00e1s ropa \u2014dijo, un poco desconcertado. Ana le dio fuego. Mir\u00f3 la llama basta que el f\u00f3sforo se extingui\u00f3, y tir\u00f3 la ceniza. Estirado en la cama, D\u00e1maso sigui\u00f3 hablando.<br \/>\n\u2014\u00bfSabes de qu\u00e9 hacen las bolas de billar?<br \/>\nAna no respondi\u00f3.<br \/>\n\u2014De colmillos de elefantes \u2014prosigui\u00f3 \u00e9l\u2014. Son tan dif\u00edciles de encontrar que se necesita un mes para que vengan. \u00bfTe das cuenta?<br \/>\n\u2014Du\u00e9rmete \u2014lo interrumpi\u00f3 Ana\u2014. Tengo que levantarme a las cinco.<br \/>\nD\u00e1maso hab\u00eda vuelto a su estado natural. Pasaba la ma\u00f1ana en la cama, fumando, y despu\u00e9s de la siesta empezaba a arreglarse para salir. Por la noche escuchaba en el sal\u00f3n de billar la transmisi\u00f3n radial del campeonato de b\u00e9isbol. Tenia la virtud de olvidar sus proyectos con tanto entusiasmo como necesitaba para concebirlos.<br \/>\n\u2014\u00bfTienes plata? \u2014pregunt\u00f3 el s\u00e1bado a su mujer.<br \/>\n\u2014Once pesos \u2014respondi\u00f3 ella. Y agreg\u00f3 suavemente\u2014: Es la plata del cuarto.<br \/>\n\u2014Te propongo un negocio.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9?<br \/>\n\u2014Pr\u00e9stamelos.<br \/>\n\u2014Hay que pagar el cuarto.<br \/>\n\u2014Se paga despu\u00e9s.<br \/>\nAna sacudi\u00f3 la cabeza. D\u00e1maso, la agarr\u00f3 por la mu\u00f1eca y le impidi\u00f3 que se levantara de la mesa, donde acababan de desayunar.<br \/>\n\u2014Es por pocos d\u00edas \u2014dijo acarici\u00e1ndole el brazo con una ternura distra\u00edda\u2014. Cuando venda las bolas tendremos plata para todo.<br \/>\nAna no cedi\u00f3. Esa noche, en el cine, D\u00e1maso no le quit\u00f3 la mano del hombro ni siquiera cuando convers\u00f3 con sus amigos en el intermedio. Vieron la pel\u00edcula a retazos. Al final, D\u00e1maso estaba impaciente.<br \/>\n\u2014Entonces tendr\u00e9 que robarme la plata \u2014dijo.<br \/>\nAna se encogi\u00f3 de hombros.<br \/>\n\u2014Le dar\u00e9 un garrotazo al primero que encuentre \u2014dijo D\u00e1maso empuj\u00e1ndola por entre la multitud que abandonaba el cine\u2014. As\u00ed me llevar\u00e1n a la c\u00e1rcel por asesino.<br \/>\nAna sonri\u00f3 en su interior. Pero continu\u00f3 inflexible. A la ma\u00f1ana siguiente, despu\u00e9s de una noche tormentosa, D\u00e1maso se visti\u00f3 con una urgencia ostensible y amenazante. Pas\u00f3 junto a su mujer, gru\u00f1endo:<br \/>\n\u2014No vuelvo m\u00e1s nunca.<br \/>\nAna no pudo reprimir un ligero temblor.<br \/>\n\u2014Feliz viaje \u2014grit\u00f3.<br \/>\nDespu\u00e9s del portazo empez\u00f3 para D\u00e1maso un domingo vac\u00edo e interminable. La vistosa cacharrer\u00eda del mercado p\u00fablico y las mujeres vestidas de colores brillantes que sal\u00edan con sus ni\u00f1os de la misa de ocho, pon\u00edan toques alegres en la plaza, pero el aire empezaba a endurecerse de calor.<br \/>\nPas\u00f3 el d\u00eda en el sal\u00f3n de billar. Un grupo de hombres jug\u00f3 a las cartas en la ma\u00f1ana y antes del almuerzo hubo una afluencia moment\u00e1nea. Pero era evidente que el establecimiento hab\u00eda perdido su atractivo. S\u00f3lo al anochecer, cuando empezaba la transmisi\u00f3n del b\u00e9isbol, recobraba un poco de su antigua animaci\u00f3n.<br \/>\nDespu\u00e9s de que cerraron el sal\u00f3n, D\u00e1maso se encontr\u00f3 sin rumbo en una plaza que parec\u00eda desangrarse. Descendi\u00f3 por la calle paralela al puerto, siguiendo el rastro de una m\u00fasica alegre y remota. Al final de la calle hab\u00eda una sala de baile enorme y escueta, adornada con guirnaldas de papel descolorido, y al fondo de la sala una banda de m\u00fasicos sobre una tarima de madera. Adentro flotaba un sofocante olor a carm\u00edn de labios.<br \/>\nD\u00e1maso se instal\u00f3 en el mostrador. Cuando termin\u00f3 la pieza, el muchacho que tocaba los platillos en la banda recogi\u00f3 monedas entre los hombres que hab\u00edan bailado. Una muchacha abandon\u00f3 su pareja en el centro del sal\u00f3n y se acerc\u00f3 a D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014Qu\u00e9 hubo, Jorge Negrete.<br \/>\nD\u00e1maso la sent\u00f3 a su lado. El cantinero, empolvado y con un clavel en la oreja, pregunt\u00f3 en falsete:<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 toman?<br \/>\nLa muchacha se dirigi\u00f3 a D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 tomamos?<br \/>\n\u2014Nada.<br \/>\n\u2014Es por cuenta m\u00eda.<br \/>\n\u2014No es eso \u2014dijo D\u00e1maso\u2014. Tengo hambre.<br \/>\n\u2014L\u00e1stima \u2014suspir\u00f3 el cantinero\u2014. Con esos ojos.<br \/>\nPasaron al comedor en el fondo de la sala. Por la forma del cuerpo la muchacha parec\u00eda excesivamente joven, pero la costra de polvo y colorete y el barniz de los labios imped\u00edan conocer su verdadera edad. Despu\u00e9s de comer, D\u00e1maso la sigui\u00f3 al cuarto, al fondo de un patio oscuro donde se sent\u00eda la respiraci\u00f3n de los animales dormidos. La cama estaba ocupada por un ni\u00f1o de pocos meses envuelto en trapos de colores. La muchacha puso los trapos en una caja de madera, acost\u00f3 al ni\u00f1o dentro, y luego puso la caja en el suelo.<br \/>\n\u2014Se lo van a comer los ratones \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014No se lo comen \u2014dijo ella.<br \/>\nSe cambi\u00f3 el traje rojo por otro m\u00e1s descotado con grandes flores amarillas.<br \/>\n\u2014\u00bfQui\u00e9n es el pap\u00e1? \u2014pregunt\u00f3 D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014No tengo la menor idea \u2014dijo ella. Y despu\u00e9s, desde la puerta\u2014: Vuelvo en seguida.<br \/>\nLa oy\u00f3 cerrar el candado. Fum\u00f3 varios cigarrillos, tendido boca arriba y con la ropa puesta. El lienzo de la cama vibraba al comp\u00e1s del bambo. No supo en qu\u00e9 momento se durmi\u00f3. Al despertar, el cuarto parec\u00eda m\u00e1s grande en el vac\u00edo de la m\u00fasica.<br \/>\nLa muchacha se estaba desvistiendo frente a la cama.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 hora es?<br \/>\n\u2014Como las cuatro \u2014dijo ella\u2014. \u00bfNo ha llorado el ni\u00f1o?<br \/>\n\u2014Creo que no \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\nLa muchacha se acost\u00f3 muy cerca de \u00e9l, escrut\u00e1ndolo con los ojos ligeramente desviados mientras le desabotonaba la camisa. D\u00e1maso comprendi\u00f3 que ella hab\u00eda estado bebiendo en serio. Trat\u00f3 de apagar la l\u00e1mpara.<br \/>\n\u2014D\u00e9jala as\u00ed \u2014dijo ella\u2014. Me encanta mirarte los ojos.<br \/>\nEl cuarto se llen\u00f3 de ruidos rurales desde el amanecer. El ni\u00f1o llor\u00f3. La muchacha lo llev\u00f3 a la cama y le dio de mamar, cantando entre dientes una canci\u00f3n de tres notas, hasta que todos se durmieron. D\u00e1maso no se dio cuenta de que la muchacha despert\u00f3 hacia las siete, sali\u00f3 del cuarto y regres\u00f3 sin el ni\u00f1o.<br \/>\n\u2014Todo el mundo se va para el puerto \u2014dijo.<br \/>\nD\u00e1maso tuvo la sensaci\u00f3n de no haber dormido m\u00e1s de una hora en toda la noche.<br \/>\n\u2014\u00bfA qu\u00e9?<br \/>\n\u2014A ver al negro que se rob\u00f3 las bolas \u2014dijo ella\u2014. Hoy se lo llevan.<br \/>\nD\u00e1maso encendi\u00f3 un cigarrillo.<br \/>\n\u2014Pobre hombre \u2014suspir\u00f3 la muchacha.<br \/>\n\u2014Pobre por qu\u00e9 \u2014dijo D\u00e1maso\u2014. Nadie lo oblig\u00f3 a ser ratero.<br \/>\nLa muchacha pens\u00f3 un momento con la cabeza apoyada en su pecho. Dijo en voz muy baja:<br \/>\n\u2014No fue \u00e9l.<br \/>\n\u2014Qui\u00e9n dijo.<br \/>\n\u2014Yo lo s\u00e9 \u2014dijo ella\u2014. La noche que se metieron en el sal\u00f3n de billar el negro estaba con Gloria, y pas\u00f3 todo el d\u00eda siguiente en su cuarto hasta por la noche. Despu\u00e9s vinieron diciendo que lo hab\u00edan cogido en el cine.<br \/>\n\u2014Gloria se lo puede decir a la polic\u00eda.<br \/>\n\u2014El negro se lo dijo \u2014dijo ella\u2014. El alcalde vino donde Gloria, volte\u00f3 el cuarto al derecho y al rev\u00e9s, y dijo que la iba a llevar a la c\u00e1rcel por c\u00f3mplice. Al fin se arregl\u00f3 por veinte pesos.<br \/>\nD\u00e1maso se levant\u00f3 antes de las ocho.<br \/>\n\u2014Qu\u00e9date \u2014le dijo la muchacha\u2014. Voy a matar una gallina para el almuerzo.<br \/>\nD\u00e1maso sacudi\u00f3 la peinilla en la palma de la mano antes de guard\u00e1rsela en el bolsillo posterior del pantal\u00f3n.<br \/>\n\u2014No puedo \u2014dijo, atrayendo a la muchacha por las mu\u00f1ecas. Ella se hab\u00eda lavado la cara, y era en verdad muy joven, con unos ojos grandes y negros que le daban un aire desamparado. Lo abraz\u00f3 por la cintura.<br \/>\n\u2014Qu\u00e9date \u2014insisti\u00f3.<br \/>\n\u2014\u00bfPara siempre?<br \/>\nElla se ruboriz\u00f3 ligeramente, y lo separ\u00f3.<br \/>\n\u2014Embustero \u2014dijo.<\/p>\n<p>\u2014 Ana se sent\u00eda agotada aquella ma\u00f1ana. Pero se contagi\u00f3 de la excitaci\u00f3n del pueblo. Recogi\u00f3 m\u00e1s a prisa que de costumbre la ropa para lavar esa semana, y se fue al puerto a presenciar el embarque del negro. Una multitud impaciente esperaba frente a las lanchas listas para zarpar. All\u00ed estaba D\u00e1maso.<br \/>\nAna lo hurg\u00f3 con los \u00edndices por los ri\u00f1ones.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 haces aqu\u00ed? \u2014pregunt\u00f3 D\u00e1maso dando un salto.<br \/>\n\u2014Vine a despedirte \u2014dijo Ana.<br \/>\nD\u00e1maso golpe\u00f3 con los nudillos un poste del alumbrado p\u00fablico.<br \/>\n\u2014Maldita sea \u2014dijo.<br \/>\nDespu\u00e9s de encender el cigarrillo arroj\u00f3 al r\u00edo la cajetilla vac\u00eda. Ana sac\u00f3 otra del corpi\u00f1o y se la meti\u00f3 en el bolsillo de la camisa. D\u00e1maso sonri\u00f3 por primera vez.<br \/>\n\u2014Eres burra \u2014dijo.<br \/>\n\u2014Ja, ja \u2014hizo Ana.<br \/>\nPoco despu\u00e9s embarcaron al negro. Lo llevaron por el medio de la plaza, las mu\u00f1ecas amarradas a la espalda con una soga tirada por un agente de la polic\u00eda. Otros dos agentes armados de fusiles caminaban a su lado. Estaba sin camisa, el labio inferior partido y una ceja hinchada, como un boxeador. Esquivaba las miradas de la multitud con una dignidad pasiva. En la puerta del sal\u00f3n de billar, donde se hab\u00eda concentrado la mayor cantidad de p\u00fablico para participar de los dos extremos del espect\u00e1culo, el propietario lo vio pasar moviendo la cabeza. El resto de la gente lo observ\u00f3 con una especie de fervor.<br \/>\nLa lancha zarp\u00f3 en seguida. El negro iba en el techo, amarrado de pies y manos a un tambor de petr\u00f3leo. Cuando la lancha dio la vuelta en la mitad del r\u00edo y pit\u00f3 por \u00faltima vez, la espalda del negro lanz\u00f3 un destello.<br \/>\n\u2014Pobre hombre \u2014murmur\u00f3 Ana.<br \/>\n\u2014Criminales \u2014dijo alguien cerca de ella\u2014. Un ser humano no puede aguantar tanto sol.<br \/>\nD\u00e1maso localiz\u00f3 la voz en una mujer extraordinariamente gorda, y empez\u00f3 a moverse hacia la plaza.<br \/>\n\u2014Hablas mucho \u2014susurr\u00f3 al o\u00eddo de Ana\u2014. Lo \u00fanico que falta es que te pongas a gritar el cuento.<br \/>\nElla lo acompa\u00f1\u00f3 hasta la puerta del billar.<br \/>\n\u2014Por lo menos anda a cambiarte \u2014le dijo al abandonarlo\u2014. Pareces un pordiosero.<br \/>\nLa novedad hab\u00eda llevado al sal\u00f3n una clientela alborotada. Tratando de atender a todos, don Roque serv\u00eda a varias mesas al mismo tiempo. D\u00e1maso esper\u00f3 a que pasara junto a \u00e9l.<br \/>\n\u2014\u00bfQuiere que lo ayude?<br \/>\nDon Roque le puso enfrente media docena de botellas de cerveza con los vasos embocados en el cuello.<br \/>\n\u2014Gracias, hijo.<br \/>\nD\u00e1maso llev\u00f3 las botellas ala mesa. Tom\u00f3 varios pedidos, y sigui\u00f3 trayendo y llevando botellas, hasta que la clientela se fue a almorzar. Por la madrugada, cuando volvi\u00f3 al cuarto, Ana comprendi\u00f3 que hab\u00eda estado bebiendo. Le cogi\u00f3 la mano y se la puso en el vientre de ella.<br \/>\n\u2014Tienta aqu\u00ed \u2014le dijo\u2014. \u00bfNo sientes?<br \/>\nD\u00e1maso no dio ninguna muestra de entusiasmo.<br \/>\n\u2014Ya est\u00e1 vivo \u2014dijo Ana\u2014. Se pasa la noche d\u00e1ndome pataditas por dentro.<br \/>\nPero \u00e9l no reaccion\u00f3. Concentrado en si mismo, sali\u00f3 al d\u00eda siguiente muy temprano y no volvi\u00f3 hasta la medianoche. As\u00ed transcurri\u00f3 la semana. En los escasos momentos que pasaba en la casa, fumando acostado, esquivaba la conversaci\u00f3n. Ana extrem\u00f3 su solicitud. En cierta ocasi\u00f3n, al principio de su vida en com\u00fan, \u00e9l se hab\u00eda comportado de igual modo, y entonces ella no lo conoc\u00eda tanto corno para no intervenir. Acaballado sobre ella en la cama, D\u00e1maso la hab\u00eda golpeado hasta hacerla sangrar.<br \/>\nEsta vez esper\u00f3. Por la noche pon\u00eda junto a la l\u00e1mpara una cajetilla de cigarrillos, sabiendo que \u00e9l era capaz de soportar el hambre y la sed, pero no la necesidad de fumar. Por fin, a mediados de julio, D\u00e1maso regres\u00f3 al cuarto al atardecer. Ana se inquiet\u00f3, pensando que \u00e9l deb\u00eda estar muy aturdido cuando ven\u00eda a buscarla a esa hora. Comieron sin hablar. Pero antes de acostarse, D\u00e1maso estaba ofuscado y blando, y dijo espont\u00e1neamente:<br \/>\n\u2014Me quiero ir.<br \/>\n\u2014\u00bfPara d\u00f3nde?<br \/>\n\u2014Para cualquier parte.<br \/>\nAna examin\u00f3 el cuarto. Las car\u00e1tulas de revistas que ella misma hab\u00eda recortado y pegado en las paredes hasta empapelarlas por completo con litograf\u00edas de actores de cine, estaban gastadas y sin color. Hab\u00eda perdido la cuenta de los hombres que paulatinamente, de tanto mirarlos desde la cama, se hab\u00edan ido llevando esos colores.<br \/>\n\u2014Est\u00e1s aburrido conmigo \u2014dijo.<br \/>\n\u2014No es eso \u2014dijo D\u00e1maso\u2014. Es este pueblo.<br \/>\n\u2014Es un pueblo como todos.<br \/>\n\u2014No se pueden vender las bolas.<br \/>\n\u2014Deja esas bolas tranquilas \u2014dijo Ana\u2014. Mientras Dios me d\u00e9 fuerzas para aporrear ropa no tendr\u00e1s que andar aventurando. \u2014Y agreg\u00f3 suavemente despu\u00e9s de una pausa:\u2014 No s\u00e9 c\u00f3mo se te ocurri\u00f3 meterte en eso.<br \/>\nD\u00e1maso termin\u00f3 el cigarrillo antes de hablar.<br \/>\n\u2014Era tan f\u00e1cil que no me explico c\u00f3mo no se le ocurri\u00f3 a nadie \u2014dijo.<br \/>\n\u2014Por la plata \u2014admiti\u00f3 Ana\u2014. Pero nadie hubiera sido tan bruto de traerse las bolas.<br \/>\n\u2014Fue sin pensarlo \u2014dijo D\u00e1maso\u2014. Ya me ven\u00eda cuando las vi detr\u00e1s del mostrador, metidas en su cajita, y pens\u00e9 que era mucho trabajo para venirme con las manos vac\u00edas.<br \/>\n\u2014La mala hora \u2014dijo Ana.<br \/>\nD\u00e1maso experimentaba una sensaci\u00f3n de alivio.<br \/>\n\u2014Y mientras tanto no llegan las nuevas \u2014dijo\u2014. Mandaron decir que ahora son m\u00e1s caras y don Roque dice que as\u00ed no es negocio. \u2014Encendi\u00f3 otro cigarrillo, y mientras hablaba sent\u00eda que su coraz\u00f3n se iba desocupando de una materia oscura.<br \/>\nCont\u00f3 que el propietario hab\u00eda decidido vender la mesa de billar. No val\u00eda mucho. El pa\u00f1o roto por las audacias de los aprendices hab\u00eda sido remendado con cuadros de diferentes colores y era necesario cambiarlo por completo. Mientras tanto, los clientes del sal\u00f3n, que hab\u00edan envejecido en torno al billar, no ten\u00edan ahora m\u00e1s diversi\u00f3n que las transmisiones del campeonato de b\u00e9isbol.<br \/>\n\u2014Total \u2014concluy\u00f3 D\u00e1maso\u2014, que sin quererlo nos tiramos al pueblo.<br \/>\n\u2014Sin ninguna gracia \u2014dijo Ana.<br \/>\n\u2014La semana entrante se acaba el campeonato \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014Y eso no es lo peor. Lo peor es el negro.<br \/>\nAcostada en su hombro, como en los primeros tiempos, sab\u00eda en qu\u00e9 estaba pensando su marido. Esper\u00f3 a que terminara el cigarrillo. Despu\u00e9s, con voz cautelosa, dijo:<br \/>\n\u2014D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 pasa?<br \/>\nDevu\u00e9lvelas.<br \/>\n\u00c9l encendi\u00f3 otro cigarrillo.<br \/>\n\u2014Eso es lo que estoy pensando hace d\u00edas \u2014dijo\u2014. Pero la vaina es que no encuentro c\u00f3mo.<br \/>\nAs\u00ed que decidieron abandonar las bolas en un lugar p\u00fablico. Ana pens\u00f3 luego que eso resolv\u00eda el problema del sal\u00f3n de billar, pero dejaba pendiente el del negro. La polic\u00eda habr\u00eda podido interpretar el hallazgo de muchos modos sin absolverlo. No descartaba tampoco el riesgo de que las bolas fueran encontradas por alguien que en vez de devolverlas se quedara con ellas para negociarlas.<br \/>\n\u2014Ya que se van a hacer las cosas \u2014concluy\u00f3 Ana\u2014, es mejor hacerlas bien hechas.<br \/>\nDesenterraron las bolas. Ana las envolvi\u00f3 en peri\u00f3dicos, cuidando de que el envoltorio no revelara la forma del contenido, y las guard\u00f3 en el ba\u00fal.<br \/>\n\u2014Es cosa de esperar una ocasi\u00f3n \u2014dijo.<br \/>\nPero en espera de la ocasi\u00f3n transcurrieron dos semanas. La noche del 20 de agosto \u2014dos meses despu\u00e9s del asalto\u2014 D\u00e1maso encontr\u00f3 a don Roque sentado detr\u00e1s del mostrador, sacudi\u00e9ndose los zancudos con un abanico de palma. Su soledad parec\u00eda m\u00e1s intensa con la radio apagada.<br \/>\n\u2014Te lo dije \u2014exclam\u00f3 don Roque con un cierto alborozo por el pron\u00f3stico cumplido\u2014. Esto se fue al carajo.<br \/>\nD\u00e1maso puso una moneda en el tocadiscos autom\u00e1tico. El volumen de la m\u00fasica y el sistema de colores del aparato le parecieron una ruidosa prueba de su lealtad. Pero tuvo la impresi\u00f3n de que don Roque no lo advirti\u00f3. Entonces acerc\u00f3 un asiento y trat\u00f3 de consolarlo con argumentos ofuscados que el propietario trituraba sin emoci\u00f3n, al comp\u00e1s negligente de su abanico.<br \/>\n\u2014No hay nada que hacer \u2014dec\u00eda\u2014. El campeonato de b\u00e9isbol no pod\u00eda durar toda la vida.<br \/>\n\u2014Pero pueden aparecer las bolas.<br \/>\n\u2014No aparecer\u00e1n.<br \/>\n\u2014El negro no pudo hab\u00e9rselas comido.<br \/>\n\u2014La polic\u00eda busc\u00f3 por todas partes \u2014dijo don Roque con una certidumbre desesperante\u2014. Las ech\u00f3 al rio.<br \/>\n\u2014Puede suceder un milagro.<br \/>\n\u2014D\u00e9jate de ilusiones, hijo \u2014replic\u00f3 don Roque\u2014. Las desgracias son como un caracol. \u00bfT\u00fa crees en los milagros?<br \/>\n\u2014A veces \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\nCuando abandon\u00f3 el establecimiento a\u00fan no hab\u00edan salido del cine. Los di\u00e1logos enormes y rotos del parlante resonaban en el pueblo apagado, y en las pocas casas que permanec\u00edan abiertas hab\u00eda algo de provisional. D\u00e1maso err\u00f3 un momento por los lados del cine. Despu\u00e9s fue al sal\u00f3n de baile.<br \/>\nLa banda tocaba por un solo cliente que bailaba con dos mujeres al tiempo. Las otras, juiciosamente sentadas contra la pared, parec\u00edan a la espera de una carta. D\u00e1maso ocup\u00f3 una mesa, hizo se\u00f1al al cantinero de que le sirviera una cerveza, y la bebi\u00f3 en la botella con breves pausas para respirar, observando como a trav\u00e9s de un vidrio al hombre que bailaba con las dos mujeres. Era m\u00e1s peque\u00f1o que ellas.<br \/>\nA la medianoche llegaron las mujeres que estaban en el cine, perseguidas por un grupo de hombres. La amiga de D\u00e1maso, que hac\u00eda parte del grupo, abandon\u00f3 a los otros y se sent\u00f3 a su mesa.<br \/>\nD\u00e1maso no la mir\u00f3. Se hab\u00eda tomado media docena de cervezas y continuaba con la vista, fija en el hombre que ahora bailaba con tres mujeres, pero sin ocuparse de ellas, divertido con las filigranas de sus propios pies. Parec\u00eda feliz, y era evidente que habr\u00eda sido aun m\u00e1s feliz si adem\u00e1s de las piernas y los brazos hubiera tenido una cola.<br \/>\n\u2014No me gusta ese tipo \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014Entonces no lo mires \u2014dijo la muchacha.<br \/>\nPidi\u00f3 un trago al cantinero. La pista empez\u00f3 a llenarse de parejas, pero el hombre de las tres mujeres sigui\u00f3 sinti\u00e9ndose solo en el sal\u00f3n. En una vuelta se encontr\u00f3 con la mirada de D\u00e1maso, imprimi\u00f3 mayor dinamismo a su baile, y le mostr\u00f3 en una sonrisa sus dientecillos de conejo. D\u00e1maso sostuvo la mirada sin parpadear, hasta que el hombre se puso serio y le volvi\u00f3 la espalda.<br \/>\n\u2014Se cree muy alegre \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014Es muy alegre \u2014dijo la muchacha\u2014. Siempre que viene al pueblo coge la m\u00fasica por su cuenta, como todos los agentes viajeros.<br \/>\nD\u00e1maso volvi\u00f3 hacia ella los ojos desviados.<br \/>\n\u2014Entonces v\u00e9te con \u00e9l \u2014dijo\u2014. Donde comen tres comen cuatro.<br \/>\nSin replicar, ella apart\u00f3 la cara hacia la pista de baile, tomando el trago a sorbos lentos. El traje amarillo p\u00e1lido acentuaba su timidez.<br \/>\nBailaron la tanda siguiente. Al final, D\u00e1maso estaba denso.<br \/>\n\u2014Me estoy muriendo de hambre \u2014dijo la muchacha, llev\u00e1ndolo por el brazo hacia el mostrador\u2014. T\u00fa tambi\u00e9n tienes que comer. \u2014El hombre alegre ven\u00eda con las tres mujeres en sentido contrario.<br \/>\n\u2014Oiga \u2014le dijo D\u00e1maso.<br \/>\nEl hombre le sonri\u00f3 sin detenerse. D\u00e1maso se solt\u00f3 del brazo de su compa\u00f1era y le cerr\u00f3 el paso.<br \/>\n\u2014No me gustan sus dientes.<br \/>\nEl hombre palideci\u00f3, pero segu\u00eda sonriendo.<br \/>\n\u2014A m\u00ed tampoco \u2014dijo.<br \/>\nAntes de que la muchacha pudiera impedirlo, D\u00e1maso le descarg\u00f3 un pu\u00f1etazo en la cara y el hombre cay\u00f3 sentado en el centro de la pista. Ning\u00fan cliente intervino. Las tres mujeres abrazaron a D\u00e1maso por la cintura, gritando, mientras su compa\u00f1era lo empujaba hacia el fondo del sal\u00f3n. El hombre se incorporaba con la cara descompuesta por la impresi\u00f3n. Salt\u00f3 como un mono en el centro de la pista y grit\u00f3:<br \/>\n\u2014\u00a1Que siga la m\u00fasica!<br \/>\nHacia las dos, el sal\u00f3n estaba casi vac\u00edo, y las mujeres sin clientes empezaron a comer. Hac\u00eda calor. La muchacha llev\u00f3 a la mesa un plato de arroz con frijoles y carne frita, y comi\u00f3 todo con una cuchara. D\u00e1maso la miraba con una especie de estupor. Ella tendi\u00f3 hacia \u00e9l una cucharada de arroz.<br \/>\n\u2014Abre la boca.<br \/>\nD\u00e1maso apoy\u00f3 el ment\u00f3n en el pecho y sacudi\u00f3 la cabeza.<br \/>\n\u2014Eso es para las mujeres \u2014dijo\u2014. Los machos no comemos.<br \/>\nTuvo que apoyar las manos en la mesa para levantarse. Cuando recobr\u00f3 el equilibrio el cantinero estaba cruzado de brazos frente a \u00e9l.<br \/>\n\u2014Son nueve con ochenta \u2014dijo\u2014. Este convento no es del gobierno.<br \/>\nD\u00e1maso lo apart\u00f3.<br \/>\n\u2014No me gustan los maricas \u2014dijo.<br \/>\nEl cantinero lo agarr\u00f3 por la manga, pero a una se\u00f1al de la muchacha lo dej\u00f3 pasar, diciendo:<br \/>\n\u2014Pues no sabes lo que te pierdes.<br \/>\nD\u00e1maso sali\u00f3 dando tumbos. El brillo misterioso del r\u00edo bajo la luna abri\u00f3 una hendija de lucidez en su cerebro. Pero se cerr\u00f3 en seguida. Cuando vio la puerta de su cuarto, al otro lado del pueblo, D\u00e1maso tuvo la certidumbre de haber dormido caminando. Sacudi\u00f3 la cabeza. De un modo confuso pero urgente se dio cuenta de que a partir de ese instante tenia que vigilar cada uno de sus movimientos. Empuj\u00f3 la puerta con cuidado para impedir que crujieran los goznes.<br \/>\nAna lo sinti\u00f3 registrando el ba\u00fal. Se volte\u00f3 contra la pared para evitar la luz de la l\u00e1mpara, pero luego se dio cuenta de que su marido no se estaba desvistiendo. Un golpe de clarividencia la sent\u00f3 en la cama. D\u00e1maso estaba junto al ba\u00fal, con el envoltorio de las bolas y la linterna en la mano.<br \/>\nSe puso el \u00edndice en los labios.<br \/>\nAna salt\u00f3 de la cama. \u2014Est\u00e1s loco \u2014susurr\u00f3 corriendo hacia la puerta. R\u00e1pidamente pas\u00f3 la tranca. D\u00e1maso se guard\u00f3 la linterna en el bolsillo del pantal\u00f3n junto con el cuchillito y la lima afilada, y avanz\u00f3 hacia ella con el envoltorio apretado bajo el brazo. Ana apoy\u00f3 la espalda contra la puerta.<br \/>\n\u2014De aqu\u00ed no sales mientras yo est\u00e9 viva \u2014murmur\u00f3.<br \/>\nD\u00e1maso trat\u00f3 de apartarla.<br \/>\n\u2014Qu\u00edtate \u2014dijo.<br \/>\nAna se agarr\u00f3 con las dos manos al marco de la puerta. Se miraron a los ojos sin parpadear.<br \/>\n\u2014Eres un burro \u2014murmur\u00f3 Ana\u2014. Lo que Dios te dio en ojos te lo quit\u00f3 en sesos.<br \/>\nD\u00e1maso la agarr\u00f3 por el cabello, torci\u00f3 la mu\u00f1eca y le hizo bajar la cabeza, diciendo con los dientes apretados:<br \/>\n\u2014Te dije que te quitaras.<br \/>\nAna lo mir\u00f3 de lado con el ojo torcido como el de un buey bajo el yugo. Por un momento se sinti\u00f3 invulnerable al dolor, y m\u00e1s fuerte que su marido, pero \u00e9l sigui\u00f3 torci\u00e9ndole el cabello hasta que se le atragantaron las l\u00e1grimas.<br \/>\n\u2014Me vas a matar el muchacho en la barriga dijo.<br \/>\nD\u00e1maso la llev\u00f3 casi en vilo hasta la cama. Al sentirse libre, ella le salt\u00f3 por la espalda, lo trab\u00f3 con las piernas y los brazos, y ambos cayeron en la cama. Hab\u00edan empezado a perder fuerzas por la sofocaci\u00f3n.<br \/>\n\u2014Grito \u2014susurr\u00f3 Ana contra su o\u00eddo\u2014. Si te mueves me pongo a gritar.<br \/>\nD\u00e1maso buf\u00f3 en una c\u00f3lera sorda, golpe\u00e1ndole las rodillas con el envoltorio de las bolas. Ana lanz\u00f3 un quejido y afloj\u00f3 las piernas, pero volvi\u00f3 a abrazarse a su cintura para impedirle que llegara a la puerta. Entonces empez\u00f3 a suplicar.<br \/>\n\u2014Te prometo que yo misma las llevo ma\u00f1ana \u2014dec\u00eda\u2014. Las pondr\u00e9 sin que nadie se d\u00e9 cuenta.<br \/>\nCada vez m\u00e1s cerca de la puerta, D\u00e1maso le golpeaba las manos con las bolas. Ella lo soltaba por momentos mientras pasaba el dolor. Despu\u00e9s lo abrazaba de nuevo y segu\u00eda suplicando.<br \/>\n\u2014Puedo decir que fui yo \u2014dec\u00eda\u2014. As\u00ed como estoy no pueden meterme en el cepo.<br \/>\nD\u00e1maso se liber\u00f3.<br \/>\n\u2014Te va a ver todo el pueblo \u2014dijo Ana\u2014. Eres tan bruto que no te das cuenta que hay luna clara. \u2014Volvi\u00f3 a abrazarlo antes de que acabara de quitar la tranca. Entonces, con los ojos cerrados, lo golpe\u00f3 en el cuello y en la cara, casi gritando:\u2014 Animal, animal. \u2014D\u00e1maso trat\u00f3 de protegerse, y ella se abraz\u00f3 a la tranca y se la arrebat\u00f3 de las manos. Le lanz\u00f3 un golpe a la cabeza. D\u00e1maso lo esquiv\u00f3, y la tranca son\u00f3 en el hueso de su hombro como un cristal.<br \/>\n\u2014Puta \u2014grit\u00f3.<br \/>\nEn ese momento no se preocupaba por no hacer ruido. La golpe\u00f3 en la oreja con el rev\u00e9s del pu\u00f1o, y sinti\u00f3 el quejido profundo y el denso impacto del cuerpo contra la pared, pero no mir\u00f3. Sali\u00f3 del cuarto sin cerrar la puerta.<br \/>\nAna permaneci\u00f3 en el suelo, aturdida por el dolor, y esper\u00f3 que algo ocurriera en su vientre. Del otro lado de la pared la llamaron con una voz que parec\u00eda de una persona enterrada. Se mordi\u00f3 los labios para no llorar. Despu\u00e9s se puso en pie y se visti\u00f3. No pens\u00f3 \u2014como no lo hab\u00eda pensado la primera vez\u2014 que D\u00e1maso estaba a\u00fan frente al cuarto, dici\u00e9ndole que el plan hab\u00eda fracasado, y en espera de que ella saliera dando gritos. Pero Ana cometi\u00f3 el mismo error por segunda vez: en lugar de perseguir a su marido, se puso los zapatos, ajust\u00f3 la puerta y se sent\u00f3 en la cama a esperar.<br \/>\nS\u00f3lo cuando se ajust\u00f3 la puerta comprendi\u00f3 D\u00e1maso que no pod\u00eda retroceder. Un alboroto de perros lo persigui\u00f3 hasta el final de la calle, pero despu\u00e9s hubo un silencio espectral. Eludi\u00f3 los andenes, tratando de escapar a sus propios pasos, que sonaban grandes y ajenos en el pueblo dormido. No tuvo ninguna precauci\u00f3n mientras no estuvo en el solar bald\u00edo, frente a la puerta falsa del sal\u00f3n de billar.<br \/>\nEsta vez no tuvo, que servirse de la linterna. La puerta s\u00f3lo hab\u00eda sido reforzada en el sitio de la argolla violada. Hab\u00edan sacado un pedazo de madera del tama\u00f1o y la forma de un ladrillo, lo hab\u00edan reemplazado por madera nueva, y hab\u00edan vuelto a poner la misma argolla. El resto era igual. D\u00e1maso tir\u00f3 del candado con la mano izquierda, meti\u00f3 el cabo de la lima en la ra\u00edz de la argolla que no hab\u00eda sido reforzada, y movi\u00f3 la lima varias veces como una barra de autom\u00f3vil, con fuerza pero sin violencia, hasta cuando la madera cedi\u00f3 en una quejumbrosa explosi\u00f3n de migajas podridas. Antes de empujar la puerta levant\u00f3 la hoja desnivelada para amortiguar el rozamiento en los ladrillos del piso. La entreabri\u00f3 apenas. Por \u00faltimo se quit\u00f3 los zapatos, los desliz\u00f3 en el interior junto con el paquete de las bolas, y entr\u00f3 santigu\u00e1ndose en el sal\u00f3n anegado de luna.<br \/>\nEn primer t\u00e9rmino hab\u00eda un callej\u00f3n oscuro atiborrado de botellas y cajones vac\u00edos. M\u00e1s all\u00e1, bajo el chorro de luna de la claraboya vidriada, estaba la mesa de billar, y luego el rev\u00e9s de los armarios, y al final las mesitas y las sillas parapetadas contra el rev\u00e9s de la puerta principal. Todo era igual a la primera vez, salvo el chorro de luna y la nitidez del silencio. D\u00e1maso, que hasta ese momento hab\u00eda tenido que sobreponerse a la tensi\u00f3n de los nervios, experiment\u00f3 una rara fascinaci\u00f3n.<br \/>\nEsta vez no se cuid\u00f3 de los ladrillos sueltos. Ajust\u00f3 la puerta con los zapatos y despu\u00e9s de atravesar el chorro de luna encendi\u00f3 la linterna para buscar la cajita de las bolas detr\u00e1s del mostrador. Actuaba sin prevenci\u00f3n. Moviendo la linterna de izquierda a derecha vio un mont\u00f3n de frascos polvorientos, un par de estribos con espuelas, una camisa enrollada y sucia de aceite de motor, y luego la cajita de las bolas en el mismo lugar en que la hab\u00eda dejado. Pero no detuvo el haz de luz hasta el final. All\u00ed estaba el gato.<br \/>\nEl animal lo mir\u00f3 sin misterio a trav\u00e9s de la luz. D\u00e1maso lo sigui\u00f3 enfocando hasta que record\u00f3 con ligero escalofr\u00edo que nunca lo hab\u00eda visto en el sal\u00f3n durante el d\u00eda. Movi\u00f3 la linterna hacia adelante, diciendo: \u00abZape\u00bb, pero el animal permaneci\u00f3 impasible. Entonces hubo una especie de detonaci\u00f3n silenciosa dentro de su cabeza y el gato desapareci\u00f3 por completo de su memoria. Cuando comprendi\u00f3 lo que estaba pasando, ya hab\u00eda soltado la linterna y apretaba el paquete de las bolas contra el pecho. El sal\u00f3n estaba iluminado.<br \/>\n\u2014\u00a1Epa!<br \/>\nReconoci\u00f3 la voz de don Roque. Se enderez\u00f3 lentamente, sintiendo un cansancio terrible en los ri\u00f1ones. Don Roque avanzaba desde el fondo del sal\u00f3n, en calzoncillos y con una barra de hierro en la mano, todav\u00eda ofuscado por la claridad. Hab\u00eda una hamaca colgada detr\u00e1s de las botellas y los cajones vac\u00edos, muy cerca de donde hab\u00eda pasado D\u00e1maso al entrar. Tambi\u00e9n eso era distinto a la primera vez.<br \/>\nCuando estuvo a menos de diez metros, don Roque dio un saltito y se puso en guardia. D\u00e1maso escondi\u00f3 la mano con el paquete. Don Roque frunci\u00f3 la nariz, avanzando la cabeza, para reconocerlo sin los anteojos.<br \/>\n\u2014Muchacho \u2014exclam\u00f3.<br \/>\nD\u00e1maso sinti\u00f3 como si algo infinito hubiera por fin terminado. Don Roque baj\u00f3 la baria y se acerc\u00f3 con la boca abierta. Sin lentes y sin la dentadura postiza parec\u00eda una mujer.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 haces aqu\u00ed?<br \/>\n\u2014Nada \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\nCambi\u00f3 de posici\u00f3n con un imperceptible movimiento del cuerpo.<br \/>\n\u2014\u00bfQu\u00e9 llevas ah\u00ed? \u2014pregunt\u00f3 don Roque. D\u00e1maso retrocedi\u00f3.<br \/>\n\u2014Nada \u2014dijo.<br \/>\nDon Roque se puso rojo y empez\u00f3 a temblar.<br \/>\n\u2014Qu\u00e9 llevas ah\u00ed \u2014grit\u00f3, dando un paso hacia adelante con la barra levantada. D\u00e1maso le dio el paquete. Don Roque lo recibi\u00f3 con la mano izquierda, sin descuidar la guardia, y lo examin\u00f3 con los dedos. S\u00f3lo entonces comprendi\u00f3.<br \/>\n\u2014No puede ser \u2014dijo.<br \/>\nEstaba tan perplejo, que puso la barra sobre el mostrador y pareci\u00f3 olvidarse de D\u00e1maso mientras abr\u00eda el paquete. Contempl\u00f3 las bolas en silencio.<br \/>\n\u2014Ven\u00eda a ponerlas otra vez \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\n\u2014Por supuesto \u2014dijo don Roque.<br \/>\nD\u00e1maso estaba l\u00edvido. El alcohol lo hab\u00eda abandonado por completo, y s\u00f3lo le quedaba un sedimento terroso en la lengua y una confusa sensaci\u00f3n de soledad.<br \/>\n\u2014As\u00ed que este era el milagro \u2014dijo don Roque, cerrando el paquete\u2014. No puedo creer que seas tan bruto. \u2014Cuando levant\u00f3 la cabeza hab\u00eda cambiado de expresi\u00f3n.\u2014 \u00bfY los doscientos pesos?<br \/>\n\u2014No hab\u00eda nada en la gaveta \u2014dijo D\u00e1maso.<br \/>\nDon Roque lo mir\u00f3 pensativo, masticando en el vac\u00edo, y despu\u00e9s sonri\u00f3.<br \/>\n\u2014No hab\u00eda nada \u2014repiti\u00f3 varias veces\u2014. De manera que no hab\u00eda nada. \u2014Volvi\u00f3 a agarrar la barra, diciendo:<br \/>\n\u2014Pues ahora mismo le vamos a echar ese cuento al alcalde.<br \/>\nD\u00e1maso se sec\u00f3 en los pantalones el sudor de las manos.<br \/>\n\u2014Usted sabe que no hab\u00eda nada.<br \/>\nDon Roque sigui\u00f3 sonriendo.<br \/>\n\u2014Hab\u00eda doscientos pesos \u2014dijo\u2014. Y ahora te los van a sacar del pellejo, no tanto por ratero como por bruto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ojos de perro azul\u00a0 Gabriel\u00a0 Garc\u00eda\u00a0 M\u00e1rquez Entonces me mir\u00f3. Yo cre\u00eda que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detr\u00e1s del velador y y o segu\u00eda sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprend\u00ed que era y o quien la miraba por primera vez. 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