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EL DESPERTAR DE CHILE…

Autor: Iván Pizarro

“¡ Ay, de estos días terribles… !” , señala Silvio Rodríguez en una de sus notables canciones.

Cuando al fin todos comprendamos que nada podemos esperar de la sociedad, o de los conocidos , o del déspota benévolo de los gobiernos democráticos, o de los santos, o de los redentores  ¡   Quizás podamos hacer mejor las cosas!

No podemos esperar nada, pero podemos hacerlo todo.

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21 gramos

Autor: Iván Pizarro

Son sólo 21 gramos ¿Cuántas vidas vivimos, cuántas vidas morimos? Dicen que cuando morimos perdimos  21 gramos  Ese es el peso de nuestra existencia, el peso de lo que somos, el peso de la mecánica del corazón  que mueve y arrastra este tortuoso y vanidosos cuerpo. 21 gramos que en algún momento, en algún lugar , en alguna circunstancia nefasta se van de tu cuerpo ,llevándose de paso tu vida.

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Quizás sea un buen día ,para reconstruirme, de cambiar el rumbo, de reparar mis alas rotas. Quizás sea hora de dar un giro en reversa, en 180 grados, de cambiar la piel. Quizás desde otras trincheras. Solo digo… que quizás sea un buen día para desenterrar mis raíces y salir a volar por allí… por algún lado, errabundo, sin anclas, sin ataduras… solo volar.

         Poemas Rotos de Iván Pizarro

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» Me parece que la vida está totalmente desprovista de interés, y esto lo sentía especialmente cuando trabajaba ocho horas por día. La mayor parte de los hombres trabajaban ocho horas al día, y tampoco ellos aman la vida. No hay ninguna razón para amar la vida para alguien que trabaja ocho horas al día, porque es un derrotado.» Charles Bukowski

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«Instrucciones» de Cortázar

Instrucciones para dar cuerda al reloj
Julio Cortázar

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

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