Ejemplo de crónica periodística

Una noche que quedará marcada en la memoria colectiva de todos los que nunca pensaron que vivirían una tragedia de este calibre…

Estamos haciéndolo ahora mismo. Comparto con ustedes estas palabras desde una habitación de hotel, donde hemos acudido para descansar unos minutos de la que ha sido una noche agitada. Una noche negra, fría y terrible. Una noche que quedará marcada en la memoria colectiva de todos los que nunca pensaron que vivirían una tragedia de este calibre; de los que nunca imaginaron, ni en sus peores pesadillas, que la tierra podía vibrar hasta causar tal desgracia… De la que ha sido, para muchos, la noche más larga de sus vidas.

Apenas dos horas después de acordar que nuestra obligación era partir al lugar de los hechos, nos encontramos saliendo de Madrid, destino Lorca. Junto a mí, parte mi compañero y buen amigo Carlos Largo.

Durante el trayecto, compartimos información y preocupaciones varias…  El terremoto ha sido de 4,4º en la escala Richter, con una importante réplica de 5,1º.  Se habla de más de 10.000 evacuados. Personas que dormirán en la calle, fuera de sus casas, por riesgo de derrumbe. Por si fuera poco, una noticia habla del peligro de desbordamiento de un embalse en La Hoya, a 8 km. de Lorca, que había sido afectado por los terremotos. Incluso, cabe la posibilidad de que las autoridades no nos dejen entrar en el pueblo.

A los quince minutos de salir de Madrid, nos adelantan una decena de convoys militares, camiones con reservas de alimento, agua, máquinas quita-escombros…

Es en ese preciso instante cuando uno se da verdadera cuenta de la gravedad del asunto. Cuando uno comprende que está ocurriendo algo realmente grave…

Tras un largo viaje, llegamos a Lorca. Noche fría, triste y amarga nos recibe. Silenciosas luces de ambulancia recorren las calles destruidas y polvorientas. De fondo, una alarma incesante que nadie ha conseguido callar. Nadie lo hará. Ahora no importa.

Algunos bares aún conservan las terrazas sin recoger, con las consumiciones sin terminar sobre las mesas. Varias casas tienen sus puertas abiertas de par en par. Sin miedo al robo, pues la tragedia ha sido aún mayor de lo que puede ser un simple hurto.

Como si el tiempo se hubiera detenido para siempre. Como en el escenario de una película apocalíptica.

Un gato nos espía cauteloso. Los escombros pueblan todas las calles, y sobre algún campanario las cruces amenazan con caer. Los capiteles se han movido; ya nada está donde estaba. Todo ha sido recolocado de forma aleatoria por la mano invisible de la terrible tragedia